viernes, 17 de noviembre de 2017

Puedes dejarle y quererle

Lo normal y sano es relacionarnos con las personas porque nos hace bien o nos conviene. Si no nos hace bien ni nos conviene habría que pensarlo; pero si nos hace mal o nos resulta inconveniente, lo normal y sano es dejar la relación. A veces no se puede, como cuando alguien necesita seguir en un trabajo donde hay un jefe nefasto. Pero si se puede, hay que terminar con las relaciones dañinas.

Creo que es fácil estar de acuerdo con lo anterior. El problema está en que no somos robots que hacen lo que corresponde a una conclusión racional; nos implicamos con las personas de maneras complejas y oscuras y es difícil dejar las relaciones que forjamos con quienes nos hemos vinculado. Los vínculos se forman en el ser: en lo que uno es. Pero tengo una idea al menos para una de las cuestiones que dificultan esta liberación:

En algunos casos, quien no se puede ir se atrapa con el amor; "es que lo(a) quiero mucho", dice la persona, como si debiera no querer. La buena noticia es que puede seguir queriendo. Puedes amar a alguien con quien decides no estar. Puedes agradecer por su vida, por lo bueno que hubo, orar por la persona, hacer lo que puedas a su favor desde la distancia y sobre todo: puedes sentir con confianza lo que sea que sientas. Y ponerte a salvo.

Vale para amigos, parejas, mamás, papás, quien sea.

Silvia Parque

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Yo veo sexo

Dicen que la belleza está en los ojos de quien mira. Así pasa con otras cualidades, también... 

Puse ESTE video por la canción de la risa de las vocales, a la que ya le pongo "pero" porque eso de que el rey cuente chistes de color no me parece apropiado, pero bueno. Sigue una canción de una ranita y luego la de los enanos hambrientos que quieren que se quede la princesa a vivir con ellos. Desde su hambre, empiezo a pensar en cosas adultas; pero luego sueltan que "será reina en nuestra mesa y tesoro en nuestras manos". ¿En nuestras manos? ¿Soy yo la única a la que eso le parece una alusión clasificación C? 

Si es que ya esas miradas, esos lentes oscuros bajo techo y ese baile desaforado...

Silvia Parque

martes, 14 de noviembre de 2017

Quiero ir

Hace años, un amigo me puso El Cascanueces y me prestó el libro de Hoffman con el cuento. Soy poco musical, pero Chaikovski es Chaikovski: me dejó muy emocionada. Además, amé a Hoffman. Desde entonces he querido ver el ballet. Casi cada año me ilusiono con ir a alguna de las funciones que suelen ofrecerse en diciembre, pero no lo he conseguido.

Aquel libro de cuentos era de Porrúa, de la colección Sepan Cuantos. En mi casa, cuando era niña, había al menos uno más de esos: Don Juan Tenorio y El puñal del godo, un 2 x1. 

Leí Don Juan Tenorio decenas de veces, desde que no tenía edad para entender. Me gustaba leerlo en voz alta, me deleitaba con las palabras. Siempre he querido verlo representado, pero eso está más difícil que El Cascanueces porque todas las obras de Don Juan que he visto anunciadas desde que puedo ir al teatro por mi cuenta, son comedia.

Silvia Parque

lunes, 13 de noviembre de 2017

"Veo gente muerta"

Los niños necesitan concebir a sus papás -o a sus cuidadores principales- como completamente confiables y para eso se hacen una imagen impoluta de ellos. Los papás son la medida de las cosas, así que como sean, están bien para el niño pequeño: esto es parte de la tragedia del maltrato infantil.

Los adolescentes necesitan descubrir la imperfección de los papás -o cuidadores principales-, sus errores, su maldad, sus límites. Crecer implica lidiar con la decepción de que esas personas reales están tan lejos del ideal como cualesquiera. Normalmente, empezamos a estar bien con esto cuando descubrimos que también nosotros cometemos errores, obramos mal y tenemos límites que nos constriñen. No estoy hablando del entendimiento racional de la falibilidad humana: un niño sabe que se puede equivocar. Los niños también pueden reconocer cuando han actuado de "mala fe". Pero es hasta que empieza la juventud que pasamos por la necesaria decepción de nosotros mismos, que nos lleva a vernos realmente como somos (no estoy segura de que se pueda generalizar, pero creo que pasa más o menos en ese momento). De adolescentes vamos por la vida con la frente muy en alto, podemos juzgar duramente y tener la certeza de que jamás vamos a hacer eso que no va con lo que somos.

Un día, descubrimos que no hay "bueno" y "malo" en continentes separados. Que todos tenemos "un lado bueno" y "un lado malo" pero que no son dos caras de la misma moneda sino que... las cosas, las personas, las situaciones son complejas: también nosotros mismos. Se termina la inocencia.

A mí me ha estado pasando últimamente una segunda vuelta de este proceso. Me siento como en la película de "Sexto sentido" cuando el personaje de Bruce Willis descubre que está muerto y es un fantasma.

Silvia Parque

viernes, 10 de noviembre de 2017

Cosas baratas buenas y malas

Acabo de masajear mis pies con crema Real [ESTA es], que es de lo más barato que hay. Me gusta mucho. También suelo usar crema bloqueadora del Doctor Simi, que me ha funcionado bien.

Hay cosas muy baratas que son buenas. Por ejemplo, la crema de cacahuate que preparan en el supermercado. Antes compraba de las que tienen marca, que son caras y no me gustan -las compraba para mi niña-; pero le di una oportunidad a la del supermercado y zaz que esa sí me gusta (creo que es porque no le agregan azúcar).

Entre las cosas baratas que me parecen malísimas están la pasta de dientes, el shampoo y los rastrillos. Lo peor es un rastrillo sin ergonomía, con la navaja sin filo y que se oxida de inmediato.

Silvia Parque


jueves, 9 de noviembre de 2017

Truco

La relación de B con su lengua está yendo demasiado lejos. Empezó hace un par de meses, sacándola y poniendo saliva con el dedo en diferentes lugares. Ahora se la pasa metiéndose las manos a la boca y tengo que estar bien pendiente de que no ponga la lengua en los peores lugares del mundo para poner una lengua.

Hace rato, ya en la cama lista para dormir, puse mi cara frente a su cara y le dije con el tono más decidido que he usado jamás: "A partir de mañana, cuando despiertes, tus manos van a estar lejos de tu boca y tu boca va a guardar tu lengua". Épico. No hostil, sino grave; no amable pero sí "suave": suave y penetrante como la voz de un hipnotizador; más profundo que eso: como un amo al que el universo se le somete porque es él.

Me puso toda la atención del mundo y dijo: "A partir de mañana, cuando despierte de la recámara..." Yo ya estaba festejando.

"A partir de mañana, cuando despierte de la recámara, donde descanso..." Era un momento intenso.

"A partir de mañana, cuando despierte..." "A partir de mañana..." Empezó a preocuparme que repitiera tanto; siempre repite, pero tal vez estaba demasiado impresionada; quería impresionarla, pero con los niños el equilibrio es tan delicado...

"A partir de mañana, cuando despierte, las manos van a guardar la lengua".

Pues nada.

Silvia Parque

martes, 7 de noviembre de 2017

Mi hija me enseña a no gritar

Hoy tuve uno de esos momentos épicos con B.

Pidió la canción del monstruo, que es ESTA.

Fui a ponerla, pero ya que estaba aquí sentada -en la computadora-, aproveché para ver algo en Facebook. Entonces, volteé y la vi arriba de la barrita de la cocina. Fui para allá. Todo nuestro coco estaba en el piso y había rayado la superficie de la barra con marcador permanente. Me puse como ogra y le grité. Le dije unas cuatro veces que tiró el coco, tiró el coco, tiró el coco... rayó la mesa, rayó la mesa... Y estaba yo en mi berrinche cuando me pregunta con verdadero interés, con buen tono, educadamente: "¿por qué te enojaste?"

No sirve gritar a los niños. Yo no lo hago porque crea que sirva; yo creo que es violento y que no hay que hacerlo; pero con estas cosas recuerdo una vez que me dijeron que a veces hacía falta gritarles. Claro que no. Entre más crece, más me resulta evidente que a ella no le "hace falta", ni le ayuda a aprender, ni nada bueno.

Silvia Parque

lunes, 6 de noviembre de 2017

Decisiones a partir del sentido

Fui a vivir a Querétaro para cursar la Maestría. Se suponía que no trabajaría. Pasé un primer mes maravilloso, dedicándome a conocer el centro de la ciudad y a leer, pensar, escribir. No duró mucho ese estado ideal; se fue haciendo evidente que necesitaría trabajar y aunque resistí lo que pude, terminé buscando empleo. Fue el peor empleo de mi vida. A lo mejor porque por primera vez me planteaba trabajar por necesidad: eso no se hizo para mí -de verdad, eso siempre ha terminado mal-. Ahora, además, puedo asociar ese empleo con personas cuya presencia en mi vida terminó siendo nefasta. El caso es que me fui, conseguí algo que tenía mucho más que ver conmigo y posteriormente, no mucho después, conseguí lo que quería y viví satisfecha.

Pero quiero hablar de un momento importante en ese primer empleo queretano:

El momento más importante, sin duda, fue el de mi renuncia. Aprendí algo significativo: hay relaciones en las que no solamente no vas a estar de acuerdo con la otra persona, sino que va a haber enfrentamiento y el modo digno de actuar puede implicar que el otro se quede a disgusto. Antes de eso, yo trataba de dejar las relaciones en buenos términos.Ya no necesariamente: aprendí que a veces lo justo es quedar en malos términos. Pero no es de ese momento final (importante) del que quiero hablar, sino de otro. Por el tiempo de camino entre mi casa y el lugar de trabajo, por mi modo de implicarme y por la naturaleza misma del trabajo, terminaba agotada y empecé a dejar inconclusas las lecturas de la Maestría. Era frustrante. Entonces pensé: si trabajo para mantenerme de modo que pueda hacer esto que quiero y el trabajo no me va a permitir hacer esto que quiero, no tiene sentido. Anuncié mi renuncia -al trabajo-, pero me hicieron una propuesta que me convino: iría menos días, durante menos horas y tendría menos obligaciones. Obviamente, ganaría menos dinero. Pero podría leer lo que necesitaba y todo tendría sentido.

Y sí: todo tuvo sentido. Fue difícil reducir los ingresos, pero de no haberlo hecho, tal vez no habría buscado algo mejor que me llevó después a encontrar algo perfecto para mí. 

Silvia Parque

domingo, 5 de noviembre de 2017

DIY el domingo por la noche

Toca llevar mañana a la escuelita una lata de leche evaporada personalizada para guardar los colores, o sea, un recipiente para lápices modo infantil. Suerte que algo dijo el papá de B mientras hablábamos por teléfono y me acordé. Tendré que arreglármelas con lo que haya a la mano porque solo compré la lata.

Amo hacer esas cosas. Amo más hacerlas para ella. Hasta ahora mi mayor éxito ha sido una estufa a la que ya hay que hacerle algunas reparaciones, pero con la que ha jugado mucho. Alguna vez pensé dedicarme a hacer material didáctico. Cuando sea rica, tendré un taller en casa.

Silvia Parque

sábado, 4 de noviembre de 2017

Algo grande

Hoy ha ocurrido algo que marca un antes y un después en esta casa: algo verdaderamente grande.

Vi un capítulo de Dr.House.

Hace años vi la serie completa, supongo que al menos la he visto un par de veces: eso no es novedad.

La novedad: lo increíble es que la vi en la tarde, con B despierta.

No me sentaba a ver algo por la tarde, desde que nos vinimos de Querétaro, en abril. Allá, a veces podía ver algo mientras su papá la cuidaba. Aquí, pues no. "Mis cosas" se ubican en la noche, con ella dormida.

Pero hoy lo he hecho. Ella jugaba con masa moldeable y yo veía Dr. House. Detuve el capítulo varias veces para atenderla, pero eso no es nada. Ella hablaba en volumen muy alto, pero me puse audífonos. Los audífonos no me aíslan: sigo oyéndola. De hecho, pasé un ratito contemplándola en su asunto, al fin que el capítulo no es una peli de Fritz Lang.

Me siento como si hubiera ido de vacaciones.

Silvia Parque

jueves, 2 de noviembre de 2017

Pérdidas

Estoy sombría. Y está bien. Me siento llena de fuerza. No quedó de otra porque encargada de una niña, no puedo meterme bajo la cobija a llorar y fingir que estoy muerta. Así que me siento fatal, pero bien: leyendo como hace mucho no leía, pensando, con ganas de crear, a gusto con mi cuerpo después de una temporada de no estarlo, enamorada de mi hija.

Creo que estoy en la parte álgida de varios duelos.

Hace unas semanas perdí la carpeta de fotos del 2016: fotos de la niña. Solo tenía respaldado hasta marzo.

He pensado en las pérdidas hoy.

Tuve una perra que se alegraba al verme llegar a la casa. No sentía que a otro ser vivo en la casa le diera gusto verme. Tuvo que irse porque no me hacía cargo de ella como debía. Mis tortugas murieron porque dejé de cuidarlas cuando nació B. Las quise mucho, pero obviamente no lo suficiente

Me deshice de muebles, objetos y un coche, cuando me fui a Querétaro. No importaba. Lo importante era que nos teníamos a nosotros :D :D :D :D LA RISA LOCA. Nos teníamos a nosotros, que era lo importante.

Y teníamos libros. En eso gastábamos nuestro dinero. Cuando vine por ellos, ya no estaban. Luego perdí más y más cosas, pero ya no me importaron. Esos libros eran lo que teníamos. Tal vez perderlos fue una señal. Perdí mi anillo de matrimonio en la taza del baño: eso sí debió ser una señal.

Antes perdía las llaves, perdía dinero -señal de que había dinero qué perder-.

No hago bien eso de ganar dinero. O no lo he hecho bien hasta ahora: perder todo es ganar un mundo de posibilidades: como ir a vivir a otro planeta. Como ser otra persona; por ejemplo, una misma.

Silvia Parque

miércoles, 1 de noviembre de 2017

El teléfono y mi relación conmigo misma

Cada vez más seguido, quienes hablan conmigo por teléfono me dicen que no me oyen: me oyen mal o de plano no oyen. A veces me muevo de lugar y la cosa mejora, a veces he tenido que colgar porque no tiene caso seguir con el intento de conversación. Para mí que entiendo las relaciones con las cosas como reflejo de mi "condición personal", esto es de analizarse.

Hace rato estaba hablando y se cortó la llamada. La persona me advirtió que su batería estaba por agotarse: lo más probable es que haya sido eso. Como pasa lo que pasa con mi teléfono, me queda la duda (sería el suyo, sería el mío). En cualquier caso, me lo he tomado como algo personal: no de parte de mi interlocutor, para nada, sino de parte de los teléfonos: de los aparatos, las compañías, las vibras de comunicación o el demonio. Tengo semanas sintiéndome abrumadoramente sola. Si me preguntan cómo estoy, respondo que bien y no es mentira. Nada más, por las noches -y a veces es de noche en cualquier momento- me pesa el vacío. Entonces tengo esta llamada, un gesto me hace sentir compañía y se corta: ahí se corta.

Pues que sepa el bloque opositor que me quedo con lo que me conviene. 

Silvia Parque

martes, 31 de octubre de 2017

El testamento del Dr. Mabuse

Decía ACÁ que tenía ganas de ver una buena película. Antier fue la gran noche. Tan genial, que hoy quería ver una película de terror a propósito de que es noche de Halloween y pensé que podría quedarme sin ver nada en homenaje a la película de antier; algo así como: "¿qué más puede querer ver una?"

Fue El testamento del Dr. Mabuse, de Fritz Lang. Una obra de arte, creo yo. Me enganché en la historia desde las primeras tomas y experimenté una especie de desazón que fue creciendo a medida que se acercaba el final y se quedó cuando la peli ya había terminado.

De Fritz Lang había visto "Metrópolis" y "M,el vampiro de Düsseldorf". Metrópolis también me pareció una obra de arte, pero disfruté más la de M, que me puso nerviosa.

Se nota cómo las creaciones de Lang son fuente de inspiración. Siempre me maravilla ver eso: de dónde ha salido algo que luego es muy usado y se vuelve, digamos, "elemento cultural".

Silvia Parque

lunes, 30 de octubre de 2017

Como todas las mañanas

Hace unas semanas volví a ver a Berto Romero. Casi cada noche me río con él. Hoy, luego de ver un video de su consultorio, de algún modo me apareció "Como todas las mañanas", un falso documental que él estaba anunciando AQUÍ, en el 2012. Me queda claro que no es humor para todo el mundo: para mí sí. Va a tener que quedarse a la mitad porque muero de sueño, pero qué buena suerte encontrarlo.

Silvia Parque

domingo, 29 de octubre de 2017

Frío

He tenido frío estas noches. Sentí frío algunas de las mañanas de este mes, pero hoy tuve frío casi todo el día. Debe ser que estuvo realmente fresco porque B aceptó andar con suéter y calcetines unas horas, aunque sin pantalón (ayer anduvo parte de la tarde en traje de baño).

En otras noticias, me duele una sección de la garganta: abajo, como a la mitad del cuello. [He ido a ver si eso sigue siendo la garganta.]

Hay que aislar la ventana de la recámara con plástico. Así es por acá.

A ver cómo nos va en este primer invierno de regreso en el rancho grande; sobre todo a B, que se enfermó cada vez que vinimos de visita...

Quisiera que no fueran muchos inviernos aquí.

Llevo más de un frío encima.

Silvia Parque

sábado, 28 de octubre de 2017

Mamá cantante

Cuando B era bebé, yo cantaba casi todo el tiempo -cuando estábamos solo ella y yo-, describiendo lo que estaba pasando. Ahora el musical se activa cuando la cosa se pone tensa: canto lo que pasa y cómo me siento y me cambia la perspectiva. También tenemos canciones para actividades específicas que le molestan. Y están las canciones sin más objetivo que el de cantar.

Me complace declarar que soy una estrella para mi hija. Al parecer, ya se ha convencido de que nuestras canciones no van a aparecer en videos de Youtube porque ha dejado de pedir que las ponga en la computadora. Pero le encantan mis creaciones. Es una pena que la mayor parte de las veces, las olvido. Hay una sobre un dinosaurio de la que ella recordó el estribillo durante meses, pero yo no recordé nada horas después de que la estrenamos. El éxito del momento: "Tengo frío" le provoca una risa deliciosa, acompañada de "otro tengo frío, otro tengo frío" -o sea: otra vez "tengo frío". Y yo me siento en las nubes.

Silvia Parque

viernes, 27 de octubre de 2017

La independencia

He estado pensando en esto todo el día. De la cuestión política de España o de Cataluña comprendo muy poco como para opinar sobre su situación, así que esta no es una opinión sobre la situación-real-específica en la que seguramente hay factores de los que no tengo idea. Esto es un comentario en relación con el significado y sentido de "la independencia": nada más.

¿Cómo puede criticarse una declaración de independencia por unilateral y en la misma lógica, por ilegal o por no tomar en cuenta el parecer de la población de la entidad de la que se declara la independencia?

Las declaraciones de independencia son unilaterales. Puede haber una declaración conjunta: ambos declaran; puede haber una declaración en la que se hayan pactado condiciones; pero, ¿cómo puede necesitarse aprobación, permiso o siquiera acuerdo de la entidad de la que se declara independencia? La independencia rompe con la relación en la que se requiere aprobación, permiso o acuerdo. Tiene mucho sentido que rompa la ley. Y si se busca independencia será porque se quiere autodeterminación, por lo que estaría fuera de lógica consultar o considerar el parecer de "los otros".

Silvia Parque

¿A qué tienes derecho cuando...

He leído unas cosas que digo yo: "es bueno tener fresco que hay millones de personas pensando bien diferente a una"; pero a veces de verdad no entiendo cómo gente bien joven sigue pensando que gana el derecho a algún tipo de actividad sexual después de que hizo algo para cortejar

Voy a hacer un ejercicio desde mi caso particular, que puede generalizarse, creo:

Si me invitas a desayunar / comer / cenar y acepto: desayunaremos, comeremos o cenaremos juntos, hasta el momento en que yo quiera dejar de hacerlo. ¡Vaya! Que si de pronto se me va el hambre o me quiero ir, pues dejo de comer o me voy. No es que tengas derecho a estar ahí conmigo: es que puedes hacerlo porque te dejo y no puedes hacer conmigo nada que yo no quiera, ni en ese momento ni después.

Si me invitas al teatro, al cine, a una exposición o cosa por el estilo y acepto: podemos ir y hacer de público juntos, hasta el momento en que yo decida, por la razón que sea, que quiero irme. Lo normal no será que estemos muy a gusto y yo diga "me voy" en medio de una película; pero si así fuera, pues me voy. No es que tengas derecho a estar ahí conmigo: es que puedes hacerlo porque te dejo y no puedes hacer conmigo nada que yo no quiera, ni en ese momento ni después.

Si me invitas un café o una copa, en tu casa o en un lugar público y acepto... Ya se entiende la idea, ¿no? Hay que añadir que si luego de la cena o del teatro o de la copa, quiero algo más contigo y acepto una propuesta tuya o te hago una propuesta que aceptas, pero después me arrepiento: pues ya no se arma.

Si tenemos sexo una vez o una temporada, aplica lo mismo. No estás teniendo derecho a tener sexo conmigo en el momento en que "lo hacemos"; estás teniendo sexo conmigo porque te dejo y nada más. Si no quiero que me beses la oreja izquierda -mera ilustración- o si no quiero quitarme los calcetines -basado en hechos reales- pues no me besas la oreja izquierda ni me quito los calcetines. Y si nunca más quiero tener sexo contigo, no hay nada en el pasado a lo que puedas apelar como si tuvieras algún "derecho" a obtener un "sí" de mi parte cuando no quiero decir "sí".

Todo esto está muy dicho, pero se ve que hay que seguir diciéndolo.

Silvia Parque

jueves, 26 de octubre de 2017

Capacidad

Trabajo de manera que paso una o dos noches durmiendo poco, dos o tres noches durmiendo muy poco; dos o tres mañanas trabajo a tope las tres horas que B va a la estancia; alguna tarde también toca trabajar. Así que tengo algunas mañanas y algunas noches "relajadas"; además, normalmente, después de entregar algo tengo libre el día siguiente... o dos o tres días siguientes. Se supone que en esos momento leeré y escribiré "mis cosas". El problema es que últimamente estoy muy cansada. Puedo estar despierta, pero no pensar.

Silvia Parque

miércoles, 25 de octubre de 2017

Notas de campo: límites estando de visita

Hemos pasado la tarde en casa de la bisabuela. Acá las notas sobre lo que no dejo hacer a B y el nivel de drama generado.

Quiere llevar su plato a la sala y comer en el sillón. / Normalmente, no; con un plato de lentejas: menos. Quiere ir para allá porque mi tía terminó de comer, se levantó y allá está. Mi tía regresa para que la niña quiera quedarse en el comedor. // Sin drama.

Quiere quitarse el pantalón. / Nada más en la casa donde duerme; en las otras casas, no. // Indicios de drama que se disipan.

Quiere comer galletas. / Bueno: una. Vale, que ya desde que es "una" sabemos que serán tres. Duro y dale consigue otra. Más al rato, otra más. Es lo que tiene estar en casa de la bisabuela: en casa no hay galletas que querer: no de las que mamá restringe. Porque no le faltan esos gustos: hicimos galletas el lunes y el martes, pero no me gusta que coma las "industriales"; lo evito lo posible: sé que se le antoja y que no se acaba el mundo, así que estiro y estiro, pero al final hay un "no más". // Drama.

Quiere tocar al niño. / Así no tocamos a las personas. La retiro. A la segunda vez, mi tono no es agradable. Me falta mano izquierda. Le muestro, de nuevo, cómo sí tocar. Hay unos cinco intentos más. // Sin drama.

Quiere alimentar al niño. / Primero: el niño no quiere comer. Más tarde: la bisabuela le está dando de comer; le ayudo a que ponga comida en la cuchara. Un rato después: el niño no quiere comer -otra vez-. // Sin drama.

Quiere pellizcar al niño. / ¡¡No!! La retiro con brusquedad. Me da miedo que vaya a lograrlo. //  Representación de mini drama para desviar la atención: hace como bebé y dice que se ha pegado o algo por el estilo.

Silvia Parque

martes, 24 de octubre de 2017

Ideas sobre hacer lo correcto con los niños

Hace ya meses, creo que fue La Malquerida quien comentó algo, no recuerdo qué exactamente, en el sentido de que con el tiempo se nota si funcionaron o no las estrategias o las maneras que elegimos para tratar con los hijos. Yo respondí que escribiría algo al respecto. Pasó tanto tiempo que se me hace complicado buscar esa entrada y esos comentarios, pero hoy he vuelto a tener esto en mente:

Es fundamental elegir lo que hacemos en función de que sea lo correcto.

Ya sé que definir "lo correcto" da para escribir muchos libros, pero a lo que voy, nada más, es a priorizar lo correcto por encima de lo funcional.

Con los niños, hay que relacionarnos desde el respeto porque es lo correcto. Luego viene lo que podamos pensar que es "con respeto", pero creo que hay que poner como principio que no se vale no respetar.

Pegar a un niño no siempre es una escena grotesca. A veces una nalgada termina con una situación que la mamá cree que es urgente detener y no provoca un trauma psicológico ni nada que ponga en riesgo el desarrollo integral de la criatura. Pero no es correcto pegar a las personas.- los niños son personas.- no es correcto pegar a los niños.

Sí: en la vida hay situaciones en las que podemos vernos en la en necesidad de golpear para defendernos, pero es mejor tratar de evitar esas situaciones y que los golpes sean un último recurso. Así que, supongamos que una madre siente, por ejemplo, que debe defender a su hijo de sí mismo, dándole una palmada que haga de estate quieto o que está desbordada y no quisiera pegar pero algo tiene que hacer y no es capaz de ninguna otra cosa. La madre hará lo que pueda. Funcionará o no. Pensará o no que está haciendo lo correcto. Yo creo que pegar no es correcto. Pero en cualquier caso, deberíamos buscar hacer lo correcto. Si funciona pero no es correcto, se busca otra opción.

Hay ideales que no vamos a alcanzar. Pero también hay límites hacia abajo a los que no nos acercamos. Hay gente que hace cosas como encadenar a sus hijos y latiguearles, pero no imagino a nadie en mi círculo social capaz de algo así: sus límites -nuestros límites- están lejos de eso. Pasa en muchos ámbitos, pero voy a centrarme en el tema:

* No hay posibilidad de que yo insulte a mi hija, llamándole, por ejemplo, "tonta", porque la idea no está en mi mente, nunca se me ocurre que sea tonta, ni de bromita; además, no suelo expresarme de esa manera. En mi familia se tontean. Son maravillosas personas que hacen algo que a mí me parece mal. Son sus modos y lo que se admiten entre ellos. Yo me conduzco diferente. No tengo que controlarme para no hacerlo. No me nace hacerlo.

* Yo grito. Paso buenas temporadas sin gritar. Luego, grito. Implemento estrategias que me ayudan a reaccionar diferente. La última está yendo muy bien. El caso es: ¿si gritar no estuviera en el repertorio de lo posible? No le grito a otras personas, entonces ¿si sacara de mi mente la posibilidad de gritar a B? En este caso no sería como con los insultos porque gritar sí me nace; tendría que poner conscientemente, la línea roja que sacara los gritos de nuestra vida.

* Nunca se me ha ocurrido pegarle. Suelo preguntarme qué haría en situaciones hipotéticas y en ese plano he considerado pegarle, pero así, en un ejercicio de imaginación. Nunca en lo que llamamos "vida real". Nunca he creído que tenga derecho a hacerlo. Y sí me han dado ganas. Sí he tenido que controlarme. Pero nunca se me ha ocurrido darme la oportunidad de ceder a un impulso de pegarle porque hay una línea roja ahí, conceptual, que no puedo pasar. No está fuera de mi mente como los insultos, pero esa línea roja no la puse a mano, como tendría que pasar con los gritos: es un límite que resultó de lo que he estudiado y reflexionado, de una visión sobre la vida y las personas.

Voy a tratar de explicarme:

Creo que algunas cosas no se nos ocurre hacerlas, sea porque son concebidas como verdaderamente inaceptables en nuestra cultura o porque son concebidas como verdaderamente inaceptables en nuestra personal visión del mundo. Otras no las hacemos porque no forman parte de nuestro repertorio; a lo mejor hay cosas peores en nuestro repertorio, pero esas no. Entonces, podríamos reconceptualizar las cosas que sí hacemos y no queremos hacer, podríamos sacarlas de nuestro repertorio, sustituyéndolas por otras.

Silvia Parque

lunes, 23 de octubre de 2017

La menarquia de mi hija

Psicoletra publicó un texto de Ibone Olza que se llama "La primera tienda roja". Trata sobre celebrar la menarquia y menciona la experiencia de la autora con la menarquia de su hija.

Ya he contado que siempre amé mi menstruación. Sigo teniendo una buena relación con ella, pero ya no la relación lujuriosa de hace unos años. El texto de Olza me revivió la sensación de antes.

Bueno: pues con este asunto ocurre que ahora está el significado que tiene en relación con mi hija.

Normalmente, las niñas con Síndrome de Turner necesitan que se les provoque la pubertad suministrándoles hormonas y hasta hace unos meses terminé de ¿asumirlo?

Las primeras veces que B vio mi sangre menstrual sentí que no podía decirle "te pasará cuando seas grande" y me dio pena. Me daba pena cuando ella tomaba mis toallas sanitarias; algo así como por qué yo sí y ella no. No sé por qué lo tomé de esa manera, si por ejemplo, no tengo duda de que será mamá si quiere serlo: confío en que sea de las afortunadas que consiguen embarazarse y parir, pero no creo que la maternidad se trate de eso, así que si quiere ser mamá y no puede embarazarse y parir, lo será de otra forma. Siempre que hablamos de que estuvo en mi panza le digo que lo importante es que estaba en mi corazón. ¿Entonces por qué no decirle "te pasará cuando seas grande" de algo mucho más sencillo de conseguir -con el tratamiento hormonal-? No sé. Pero ya no tengo esa complicación. Tal vez tenía que recuperar mi antigua relación de gozo con mi menstruación, para poder estar bien con el tema de la suya.

Silvia Parque

domingo, 22 de octubre de 2017

Tutoriales

Ya he comentado que en esta casa se oyen continuamente tutoriales de cocina y repostería. De noche, cansada, no encuentro algo más relajante que ver cómo hacer un taburete con botellas de plástico, acaso ver cómo alguien hace galletas con chispas de chocolate, pero voy reservando los videos de repostería para verlos con B. Hace semanas ocupa su tiempo diario de videos con Mis pastelitos o Dacosta's Bakery. Ya no hay Elmo's World ni Monosílabo. A mí me encanta que podamos compartir el gusto y me encanta verla u oírla preparar pasteles. Menciona un montón de detalles de las recetas que ha escuchado. Hace unos días terminó algo que estaba haciendo, no tenía relación con cocinar, pero dijo "nos vemos en el próximo video".

Silvia Parque

sábado, 21 de octubre de 2017

Irme

Como a los once años empecé a fantasear con irme de mi casa. Hacía planes fantásticos. Calculaba cuánto dinero podría reunir y cuánto me duraría. ¿A dónde podría ir? Antes de cumplir quince años, conocí al papá de B y resolví que si me iba de mi casa, simplemente llegaría con él y él se encargaría.

Cuando mi matrimonio se deshizo, pasé unos años fantaseando con irme. Hice largas cartas de despedida. Lloré amargamente cada vez que "ya me iba".

Ahora ya no estoy para fantasías ni puedo llegar con alguien a que se encargue, pero tampoco avanzo realmente en los planes para irme a donde quisiera estar. A veces donde no cabe el drama se llena de vacío. Por eso había drama, porque el vacío es gacho.

Silvia Parque

viernes, 20 de octubre de 2017

Que antes se comunicaban mejor

Estaba escribiendo "El primer hijo y el final de la relación" para Psicogrupo (los invito a pasar por allá a leer), cuando me topé en un artículo con la idea de que antes las parejas se comunicaban mejor. ¿Qué tan "antes" me pregunté? ¿Cuáles parejas y cómo se comunicaban? La idea era más o menos que ahora estamos tan ocupados y entre tanto artefacto, que ya no hablamos como antes. Una especie de ensoñación con un pasado de película.

Imagino a mis abuelos y para nada se comunicaban mejor que mis hermanas con mis cuñados; tampoco se comunicaban mejor de lo que yo me comunicaba con mi ex. Supongamos que mis abuelos no son un buen ejemplo; pero pensemos en una pareja típica mexicana que se casó en los años cuarenta. ¿Hablarían de la satisfacción sexual de la mujer? ¿Tratarían juntos con las dificultades de crianza de los niños? ¿Ella sabría en qué complicaciones de trabajo estaba él y cómo sopesaba sus opciones para resolverlas? ¿En serio se comunicaban "mejor"? ¿Qué es "mejor"? ¿Que no había tele y por tanto no ponían la tele a la hora de las comidas (lo cual me parece excelente)? Eso debió estar bien para verse las caras y conversar, pero a esa estampa hay que añadirle que muchas mujeres no ricas eran absorbidas por el trabajo doméstico el resto del tiempo: nada de sentarme con el niño a preguntarle qué está construyendo, un niño del que era común pensar que debía verse pero no oírse. Vale que estamos hablando de las parejas, pero lo que quiero decir es que hay que "completar la estampa".

Silvia Parque

jueves, 19 de octubre de 2017

Llorar y llorar

La niña llora por esto, lo otro y lo de más allá. Recibo una llamada que me da mucho gusto, pero ella está llorando; ni modo: no puedo hablar. Se lleva un cuadrito de cera a la boca, le digo que no, se le cae y le digo un "mira, ya lo has tirado" que no es amable. Malo terrible: se pone sentimental. Uno es el llanto de "quiero esto, quiero lo de más allá" y otro es el llanto de "estoy triste hasta la médula de mis dos años". Llega el momento de la cama. Encuentra las tetas: algo dice, no recuerdo qué; digo "ya no tienen leche". Acabose. Pena penita pena. Para empezar creo que no es cierto. No pretendía mentirle: el "no tienen leche" me salió del alma. Le ha parecido tan triste que estaba dispuesta a dejar que se prendiera si eso la consolaba; pero no. Tocó un poquito los pezones y estuvo de acuerdo con guardarlas. Antes de dormir hubo algún par de motivos más para llorar.

Silvia Parque

miércoles, 18 de octubre de 2017

Por qué no soy feminista

Esta mañana, mientras respondía en Facebook comentarios a mi entrada anterior: ¿Quiénes acosan y abusan sexualmente de las mujeres?, pensé que alguien que leyera lo que estaba escribiendo podría pensar que soy feminista. Eso me honraría. Como he dicho antes: no lo soy. Ganas tengo, a menudo. Tengo formación en teoría de género, conozco lo elemental sobre el feminismo, estoy a favor de los planteamientos feministas, reconozco y agradezco el trabajo y los logros de las feministas -que por ejemplo, permiten que yo esté escribiendo esto-.

Una vez en clase -en licenciatura-, alguien dijo algo sobre mí: no recuerdo qué; lo que recuerdo es que respondí que yo era muy machista, creo que dije que era la mujer más machista que conocía. Mis compañeras me vieron como dudándolo o sopesando si estaba siendo irónica. Mi amiga del alma, junto a mí, les aseguró: "Sí: es muy machista". Ya pasó más de una década. Mi vida cambió y yo cambié. No soy muy machista: cargo con lo que me toca por haber sido criada en una cultura machista, pero hago conciencia y trato de moverme de ahí. Tal vez tampoco era exactamente "muy machista" en ese entonces; lo que pasa es que nos hacían falta otros marcos conceptuales para entenderme. Quién sabe. Por ilustrar: me sentaba junto a un amigo a calificar a las muchachas por su físico, asociando rasgos a conductas sexuales. Cosifiqué mujeres durante años, pero me parece que mis motivos se aprecian mejor desde otros marcos (por eso no soy feminista -no por haber hecho esas cosas sino porque "me parece que mis motivos..."-).

Pensaba esto cuando en mi muro apareció la siguiente publicación de Katya Galán, compartida por Edgar Mata. Copio y pego porque está en modo público. Yo puse negritas y subrayé.
"Hablando de feminismo, ninguna mujer que no ha se ha sentido agredida por el sistema y/o que no ha hecho conciencia de su valía como ser humano y del respeto que merece, se asume feminista. Son dos requisitos indispensables. 
El feminismo viene de la fuerza interna y de la seguridad de no necesitar de la aprobación ni de los hombres, ni del sistema para ser quien es.
No se trata de estar en contra de los hombres, ni de odiarlos ni de querer acabar con ellos, para que ni empiecen a victimizarse, sino de no necesitar su aprobación, son cosas diferentes.
El tercer requisito, me parece, es no creer en el concepto judeocristiano del perdón. Ese que se otorga como un privilegio más al agresor. Ese que se sustenta, además, en el mismo privilegio que, de inicio, fue causa de la violencia:
"TIENES LA OBLIGACIÓN de perdonar porque es tú padre -a veces tu madre-, tu hermano, tío, jefe, esposo..."
"DEBERÍAS perdonar, hazlo por ti misma, por tu tranquilidad..."
No perdonar, nos convierte automáticamente en culpables y, al agresor, en víctima.
De manera que, además de tolerar abusos, pareciera que la condena es hacerlo con bondad, amor y alegría "¿Qué clase de loca desadaptada y sin corazón podría no entender algo así?"
Creo que esta clase absurda de perdón es uno de los pilares del patriarcado, un pilar tan poderoso como la violencia institucionalizada, pues en él descansa la sumisión de las víctimas, lo que le permite se funcional como sistema".
Estoy de acuerdo. Solamente no comparto el concepto del perdón. Podría pensarse que cuando dice "ese que se sustenta..." está dando cabida a la existencia de ese y de otro. Pero me parece que usa "ese" para realzar la expresión, no porque crea que hay otros perdones. Decía pues que no comparto su concepto; pero sí sé que el perdón -al menos en nuestra cultura- es un perdón judeocristiano, que suele tomarse como obligación y que ha sido un pilar del patriarcado -como ella señala-.


A lo que voy:

No soy feminista porque el feminismo no es nada más conocimiento, es un movimiento: asumirse feminista es hacer un compromiso con dicho movimiento: un compromiso que no hago. Ese movimiento implica estar en lucha o resistencia, de una manera u otra, por una vía u otra -obviamente no "contra los hombres"- y no estoy dispuesta. Yo libro batallas y opongo resistencia a la violencia patriarcal por decencia, por sobrevivir, básicamente porque no queda de otra; pero no me comprometo con el movimiento. No podría no comprometerme con mi hija y con las hijas de las demás, no pueden no importarme las otras mujeres; pero eso no es lo mismo que comprometerse con el movimiento. Creo. Lo que digo no es algo que esté super pensado y concluido de una vez para siempre. La publicación de Katya me animó a escribirlo porque sus puntualizaciones me facilitan la exposición: para acabar pronto: no cumplo esos requisitos ni de lejos.

Sobre el primero y el segundo.- Hace falta apenas un poco de conciencia para que una mujer se sienta agredida por el sistema. Sé que he sido agredida por el sistema. Pero, ¿conciencia de mi valía como ser humano y del respeto que merezco? Obviamente diré que soy valiosa y merezco respeto; pero "conocer" algo no es haberlo asumido: no es haberlo interiorizado y vivirlo con naturalidad. Soy mujer. Soy madre. Soy talentosa para esto y aquello. Eso lo tengo interiorizado y lo vivo con naturalidad. ¿Que soy valiosa como ser humano, solita, sin hombre enseguida? ¿Igual de valiosa con y sin el hombre que me sujetaba? Claro que la respuesta correcta. De ahí a que pueda vivirla, hay un trecho. Y vivir cabalmente lo que es saberse digna de respeto está ligado con lo anterior.

Sé que a cualquier feminista le "falta" algo de un lado o del otro. Pero hay un punto en el que puedes decir que cumples con los requisitos (de los que habla Katya). Yo no puedo decirlo.

Además: creo en el concepto judeocristiano del perdón. Tal vez hay un feminismo en el que esto no tenga importancia, pero tal como yo entiendo al feminismo, sí que la tiene. Hay feministas creyentes: católicas, musulmanas, etc.; la fe no es incompatible con el feminismo; pero hay ejes del pensamiento que tienen que romperse para dar prioridad al feminismo como modo de vida: así es como entiendo el compromiso con el movimiento. Ese que digo que yo no hago.

Por último, lo que Katya habla sobre "el origen" del feminismo.- Fuerza interna no me falta. Pero yo la seguridad que tengo es de sí necesitar a los hombres para ser quien soy. De nuevo: sé la "respuesta correcta". Lo que quiero decir es que yo vivo esa necesidad. No estoy hablando de la obvia interdependecia: de que el mundo funciona con hombres y mujeres. No. Estoy hablando desde el contexto de la publicación. Yo he sido y soy dependiente de la mirada masculina. He sido esa mujer "amiga de los hombres*". Ya dice el video que todas lo hemos sido alguna vez, pero yo sí me instalé ahí muy a gusto y aunque estoy en proceso de moverme, a veces no me queda tan claro... Un pasito para adelante, medio pasito para atrás; dos adelante...

Silvia Parque

Resulta que tenía otra entrada con el mismo título: AQUÍ

martes, 17 de octubre de 2017

¿Quiénes acosan y abusan sexualmente de las mujeres?

Hace días he visto más de dos mensajes alrededor de esta idea:

Si tantas -tantísimas- mujeres hemos sido acosadas o agredidas sexualmente al menos alguna vez, 
¿cómo es que todos los hombres que nos rodean son inocentes? 

Hace años que se sabe que el acosador y el abusador sexual son tipos que se ven como cualquiera porque son cualquiera. ¡Pero no los que conocemos! No son nuestros primos, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo. Es decir: suponemos que no son. Porque los queremos. Porque no queremos complicarnos. Y yo creo que se vale querer a la gente y no querer complicarse, pero también creo que urge cambiar las cosas. Así que, por mero cálculo estadístico: sí: también son ellos; es decir, pueden ser ellos: hay una elevada probabilidad de que lo sean.

¿Y luego?

Podemos empezar por dar las muestras de oposición y resistencia de las que seamos capaces en contra de la cultura machista que justifica y condona el acoso y el abuso. Personalmente soy capaz de poco; pero la práctica envalentona. Con mi familia, apenas puedo retirarme de donde se está hablando bajo esos discursos patriarcales sostenidos por estructuras de violencia. Es lo que puedo, pero creo que hacerlo cada vez, al menos abre un espacio de cambio en la educación de mi hija; también me pone a pensar en formas inteligentes de poner un granito de arena del otro lado, en la construcción de otro mundo. La vía de la educación es más lo mío.

No quiero defender a los hombres que acosan y abusan porque colusión social no les falta. Pero sí creo que muchos, todavía en el 2017, no pueden, de verdad no pueden entender de qué estamos hablando. Han sido educados para pensar las cosas de otra manera. Me gustan mucho las "guías" para entender qué es la violación que usan ejemplos tipo manzanitas porque puede parecer ironía, pero de verdad hay quien necesita que le expliquen con manzanitas. Hace veinte años, a toda una generación de adultos le parecía escandalosamente ridículo considerar que podía haber violación entre un hombre y su esposa: crecieron asumiendo que el "débito conyugal" permitía al hombre disponer del cuerpo de la mujer que era su mujer. Pues así: hay muchachos ahora a los que les han preparado para "la conquista" y teniendo el doce de octubre tan cerca, tenemos fresco cómo se porta un conquistador. Así que podemos dar todos los mensajes posibles, de todas las maneras posibles, a los niños y jóvenes a nuestro alrededor, para que entiendan que deben respetar a las personas, que las mujeres son personas, que el respeto incluye no entrar en un espacio al que no has sido invitado, etc.

Silvia Parque

lunes, 16 de octubre de 2017

El mundo de los demás

He creído que no estoy hecha para el mundo en el que viven los demás, el que se conoce como "mundo real". Cuando era niña solía hacerme un ovillo, cubrirme toda con una cobija e imaginar historias catastróficas. En verano lo hacía sin cubrirme. Tuve una temporada en la que tarde tras tarde imaginaba que un hombre me metía en una bolsa negra y me llevaba -casi nunca llegábamos a donde él iba-. Casarme fue un pase maravilloso a toda la fantasía de la que era capaz. Mientras funcionó, mi matrimonio fue más arropador que ninguna cobija y me permitió cumplir el anhelo de vivir en un mundo particular, privado, sostenido por el deseo y el goce. Luego... lo que pasó luego.

Cuando me volví loca también me hacía un ovillo y me cubría toda, pero no imaginando historias sino pensando en querer morir o tratando de sobrevivir; quería mucho estar muerta una semana, unos meses, al menos dos días, porque en realidad lo que quería era dejar de sentir lo que estaba sintiendo. Por esa época también solía pasar en la cama todo el tiempo que pudiera, fantaseando otra vida. Inventé a Felipe para darme gusto con un príncipe azul. Cuando le hice un correo electrónico para hacerle un perfil de Facebook, juzgué que la cosa había ido muy lejos y lo dejé.

La maternidad trajo mucha materialidad a mi vida, pero sigo sintiéndome extraña, muchas veces, en el mundo de los demás; a veces me siento incapaz, pero le doy vuelta a la idea. Para mí es difícil hacer un trámite o mantener la casa limpia; no se diga tratar de armar una "economía adulta". Sé que es difícil para muchos, pero cuando los oigo y los veo, su dificultad se debe a malos hábitos, a falta de habilidad o límites cognitivos. Yo puedo tener algo de eso, pero mi dificultad está en otro orden: en uno de la dimensión desconocida que me hace ser quien soy y venir a escribirlo.

Silvia Parque

domingo, 15 de octubre de 2017

Toño

He tenido unos días muy pesados; con algunas dificultades de esas que no son un problema grave pero que en montón hacen que una quiera vacaciones urgentes. Sobre todo, he estado cansada. Mi cuerpo se puso en huelga y no me dejó trabajar varias noches: me quedé dormida junto a B.

En medio de todo, pasan cosas buenas y tengo buenos momentos: buenos muy buenos. Así pasó que ayer fui al cajero con B en la carriola y Toño nos abrió la puerta. Toño es un niño al que no conozco, excepto por nuestro encuentro de ayer. Su mamá lo nombró cuando yo empezaba a decir "¿De verdad estás intentando hacer eso?" y ella notó que él no estaba en su radio próximo. La puerta es pesada: tuvo que apalancar con todo su cuerpo para abrirla. La criatura tendrá cinco o seis años; su gran sonrisa de satisfacción se puso todavía más linda cuando le agradecí y le dije lo amable que era.

Silvia Parque

viernes, 13 de octubre de 2017

¿Por qué seguir viviendo?

Pasan muchas cosas horribles a mi alrededor, cercano y lejano. Matan a la gente, les quitan las posibilidades; ya se sabe. Las noticias son como para enfermar. En relación con esto, hace unos meses concluí algo que tal vez es una verdad de perogrullo, pero fue importante para mí.

Me parecía terrible seguir viviendo, estar bien, ser feliz, frente a tanta miseria, imposibilidad y crimen. Nunca me planteé no seguir viviendo; pero me parecía impresionantemente injusto andar por ahí tan fresca cuando a unos kilómetros la vida se le había venido abajo a una familia, otros tantos sufrían y demás. Incluso cuando alguna persona moría por causas naturales en condiciones digamos aceptables, me parecía más que triste volver a la vida normal, con lo que tiene de risa y gusto. Sigue pareciéndome que lo terrible de la muerte es eso: que el mundo sigue girando. Lo había leído por ahí: lo malo no es morir sino que los demás sigan vivos.

Así que, como digo, me parecía injusto que después de indignarme y lamentar la desaparición forzada o la muerte de alguien, yo pudiera estar tan campante. Concluí que sí, es injusto, pero estaba viéndolo del lado equivocado: lo injusto es que ellos no puedan estar tan campantes. Independientemente de cómo me corresponda contribuir a que este sea un mundo más habitable, encontré que estar bien tiene sentido porque es justo eso lo que querría para esas personas, para lo que se desea que vuelvan a casa, que vivan. Ahí encontré el sentido.

Es como descubrir el agua tibia, pero para mí fue una revelación que cambió el modo en que proceso lo que pasa.

Silvia Parque

lunes, 9 de octubre de 2017

Insectos

Algunos insectos con los que me he encontrado* en estos días:




* Me gusta la expresión "con los que me he encontrado", en lugar de "que he encontrado"... como dándoles lugar de sujetos -algo así-.

Silvia Parque

domingo, 8 de octubre de 2017

Noche de domingo

"Y la vida siguió / como siguen las cosas / que no tienen mucho sentido."

"Algunas veces vuelo / y otras veces / me arrastro demasiado a ras del suelo".

"[...] busco acaso un encuentro / que me ilumine el día / y no hallo más que puertas / que niegan lo que esconden".

Un ratito de Joaquín Sabina, mientras me pican los mosquitos y agarro valor para ordenar la casa.

Silvia Parque

Trabajo, sueño, películas

Como helado sabor chocochips, luego de comentar una propuesta de intervención educativa. He tenido mucho trabajo y por eso no he pasado por aquí. En las noches, acuesto a B y me quedo dormida junto con ella. Usualmente siento necesidad de escribir una entrada y cuando no puedo, me queda la falta; estos días no ha sido así porque siento necesidad de escribir otras cosas y traigo esa falta encima: retomé algunos proyectos creativos, pero entonces vino -gracias a Dios- esta oleada de trabajo que no he conseguido equilibrar con "lo mío". De hecho, no consigo equilibrarla, en general: la casa está vuelta al revés.

Ayer o antier vi el trailer de la secuela de Pacific Rim y hoy veo que mañana sale el de El último Jedi. Habrá que ver cómo le hago porque al menos la segunda sí tengo que ir a verla.

He tenido ganas frustradas de ver una buena película. Ha estado difícil entre el poco tiempo y el mucho sueño. Además, todavía me pasa que muchas películas no quiero verlas sin el papá de B, así que descarto esas. La verdad es que a veces me encuentro eligiendo y sé que no tengo ganas en realidad de ver una peli, sino de ver una peli con él: me digo que las ganas son de ver una peli con alguien, pero no es cierto... o quién sabe. Con una amiga, no; eso está claro. Con alguien con quien me vaya a la cama después.

El caso es que las semanas anteriores hice un par de elecciones que me aburrieron: Animales fantásticos y dónde encontrarlos y Adios, hermano cruel. La de Animales fantásticos la dejé como a los diez minutos; le di otra oportunidad al siguiente día, pero avancé cinco minutos más y no conseguí interesarme. Con la otra llegué más lejos y es una pena haberla dejado porque las imágenes son bellas, empezando por los protagonistas que son un par de guapos (especialmente la actriz, Charlotte Rampling). Yo quería seguir, pero la peli no pudo con mi cansancio del día... Tal vez ninguna peli hubiera podido. A ver luego, menos soñolienta.

Silvia Parque

martes, 3 de octubre de 2017

Palabras, conceptos, historias

B dice "cáscara" por "máscara"; el sonido nuevo lo acomoda en la palabra que ya conoce, pero le queda claro qué es una cáscara y qué es una máscara.

Sin embargo, dice "maestra" por "madrastra" y creo se convenció de que yo lo digo de otra forma, pero  no entendió el concepto de "madrastra". 

"¿Y dónde está la mamá de Cenicienta?" (Y de Blanca Nieves y de no sé cuál otra). Respondo y concluye "Está en el Cielo ocupada trabajando y ahorita viene". 

Tampoco entendió que la Rapunzel de mi versión quisiera irse de donde estaba su mamá que no la dejaba salir. Le dije que quería ser libre y ella entendió que quería "nieve"*; debe ser que por nieve vale la pena huir de casa.

*Oye perfecto y repite oraciones largas; para mí está claro que es una cuestión conceptual.

Silvia Parque

lunes, 2 de octubre de 2017

Los ideales

Creo que una de las características de la edad adulta es perder la ilusión de materializar lo ideal; por eso son los adolescentes y los jóvenes, ilusionados, los que suelen jugársela por los ideales: porque creen que pueden vivir las utopías, ellos sí.

Pero los ideales se pueden sostener y podemos vivir con ellos sin creer que van a materializarse en plenitud. Podemos hacer con ellos la estructura de nuestra vida. Hasta creo que un pueblo puede hacer con ellos la estructura de la vida común.

Silvia Parque

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Niña

Sigo asomándome a revisar que B está bien mientras duerme (que respira sin obstrucción, que no está enfriándose, que no está por caer ni en riesgo de torcerse). Cuando mi tía me cuenta lo bien que les fue en la tienda, le pregunto cuántos metros dejó que se alejara. Es mi bebé. Pero nos despedimos de los pañales hace como un mes, se encarga de poner su ropa sucia en el lugar indicado, sabe cómo hacer un pastel.

Hoy, después de gritarle que me dejara trabajar, le he dicho -de nuevo- que lo lamento, que está mal gritar, que si le grito me diga "respétame, mamá". Ha estrenado la frase unas horas después, nomás porque sí, sin venir a cuento -según yo-. He dicho "sí, B". Y he sentido que pasamos a otro nivel. No sé de qué, supongo que de nuestra relación.

Tenía como un año diez meses cuando un día como otros se puso a tirar la comida; le di la espalda para hacer notar mi enojo. Me dijo "mamá: por favor, date la vuelta". No recuerdo si nunca había dicho una frase de seis palabras, pero con seguridad no era común; menos una frase perfectamente construida que no estaba repitiendo. Usó toda su inteligencia para hacerme entrar en razón.

Mañana cumplo años, así que estuvo diciendo que mañana cumple años. Todavía somos una para muchas cosas. Cuando se hace pipí quiere que la abrace. Ha estado queriendo a cada rato que la duerma -especialmente cuando estoy ocupada-: que la cargue y le cante "a dormir, a dormir". Ahora que lo escribo me da miedo. Confío en que Dios se hace cargo de ella, pero quisiera que me dijera -Dios-: "va a vivir sana y feliz tantos años que será la más vieja de su ciudad".

Silvia Parque

lunes, 25 de septiembre de 2017

Chocolate funcional

Estoy exhausta. Me duele la cabeza de sueño. Voy a cambiar el acostarme tarde de hoy por un levantarme temprano mañana. Eso pensé hace rato, pero había que poner ropa en la lavadora y ya que la he puesto, mejor espero a que salga para tender al menos el mandil de la niña. Mientas tanto como algo de chocolate y veo videos de trucos para usar cosas que no tengo.

Ya está.

Un poco más de chocolate y puedo trabajar. Cuando termine los pendientes en los que me ocupo, debo dejar de drogarme con café y chocolate; unos diez días de detox.

Silvia Parque


domingo, 24 de septiembre de 2017

Responsables del desastre

Una entrada más sobre "después del terremoto".

Hay momentos de la búsqueda de sobrevivientes bajo escombros en los que se pide "silencio total". La gente calla, pero he oído a reporteros narrar que se pidió silencio y bla, bla, bla, sin cerrar su bocota. Cómo si lo que tienen que decir pudiera competir en importancia con la posibilidad de rescatar a alguien.

Este foco de la atención (salvar vidas y asegurar la integridad de las personas) no debe quitar de la conciencia que hay responsables de la situación de desastre: que habrá que pedir cuentas por los permisos falsos, la negligencia criminal, las construcciones mal hechas, las condiciones laborales de riesgo, etc.

Trabajé en dos jardines de niños. En el segundo viví mi peor experiencia laboral: odiaba el ambiente. Una vez se llevó a los niños de visita en una camioneta: se les metió en prácticamente todos los espacios donde cupieron. Yo deseaba que nos parara un tránsito, pero no dije nada. Si algo hubiera pasado, habría llevado mi omisión en la conciencia.

¿Cómo van a vivir esas personas que no pueden decirse a sí mismas que no sabían lo que podía pasar? ¿Cómo van a seguir viviendo quienes saben que de un modo u otro fueron advertidos?

"Damnificados de la corrupción", por Raúl Rodríguez.
"Sismo y corrupción", por Diego Petersen.

Silvia Parque

sábado, 23 de septiembre de 2017

Motivación emotiva

Esta es otra entrada en relación con el "después del sismo".

Maravilla el trabajo colectivo salvando y resguardando vidas: hay gente que tiene todos estos días ocupada en ayudar. A mí, como han dicho otros, me da igual si quien coopera se toma una selfie para mostrar lo que hace. A veces -supongo que muchas veces- será vanidad, pero también hay una necesidad humana de decir: "mira esto bueno" en medio de la destrucción y el dolor. Otra cosa es el quererse aprovechar de la tragedia, típico de los políticos: no se espera algo mejor de ellos.

Sin embargo, la ayuda seguirá siendo necesaria durante meses y comúnmente, en casos así -lo dicen quienes recuerdan el sismo del '85-, la ayuda disminuye al mismo tiempo que se tranquilizan los ánimos. La emoción va y viene: no se puede sostener; es un poco como enamorarse: un estado alterado de conciencia que se apacigua necesariamente. La determinación y el compromiso sí duran. Las imágenes y las historias de solidaridad y generosidad dan para creer que podemos tener de eso: ojala sí.

Ojalá también nos acordemos de quienes ya vivían como damnificados por un desastre: entre escombros, sin recursos, sin techo. Creo que entre los que vivimos con "seguridad alimentaria" hay una especie de compasión por la pérdida porque podemos identificarnos con quien ha tenido algo y lo ha perdido; sentimos empatía con su situación porque: "¿si yo me quedara sin casa?", "¿si de pronto no tuviera más que lo puesto?" Pero no nos identificamos con quien nunca ha tenido, ni con quien -según concluimos- se ha buscado la condición que vive.

Quiero decir... Es un país con más de dos mil mujeres y niñas desaparecidas, en el que se asesina más o menos a siete mujeres cada día. Pero esto no provoca una acción colectiva para buscarlas o para exigir justicia: no una del tamaño y el impacto de lo que estamos viendo. De hecho, un feminicidio o una desaparición puede hacer mucho ruido: se protesta, se exige; pero al día siguiente otra mujer es asesinada o desaparece sin que parezca importarle a nadie más allá de su familia. ¿Es el mismo pueblo capaz de remover piedra por piedra un edificio derruido, buscando un sobreviviente?

De verdad que no hago menos esta maravilla de unión y de entrega. Tampoco critico a quien ayuda a unos y no a otros: ¡Qué bueno que ayuda! Solamente comparto lo que pienso sobre la motivación emotiva -que a lo mejor es la única que puede haber-.

Silvia Parque

viernes, 22 de septiembre de 2017

La maternidad y la sombra

Estoy leyendo "La maternidad y el encuentro con la propia sombra", de Laura Gutman. Le huí unas semanas hasta que estuve lista para el riesgo de lo que pudiera remover. Sin embargo, el libro me muestra un horizonte que ya había contemplado: me resulta iluminador más que esclarecedor; quiero decir que echa luz sobre revelaciones que ya había tenido (luz muy apreciable).

Los libros que he leído esta temporada han sido material "de trabajo"; los he abordado buscando un conocimiento específico para lo que he estado escribiendo. Que conste que los he disfrutado. De hecho un par de ellos que me removieron mucho (sobre todo, "La separación de los amantes", de Igor Caruso). Pero no es lo mismo: Quería leer algo de Gutman hace tiempo y tiene lo suyo de gozoso leer por puro gusto, algo que una había estado buscando.

Aquí una cita:
[...] no hay alternativa para el encuentro con uno mismo. O nos sinceramos para indagar nuestros aspectos más ocultos, sufrientes o dolorosos, o bien estos aspectos buscarán colarse en los momentos menos oportunos de nuestra existencia.
Silvia Parque

jueves, 21 de septiembre de 2017

Sismo III #RescatePrimero

La sociedad civil organizada hace cosas impresionantes: sistematiza información, emite alarmas, remueve escombros, lleva de todo a donde hace falta, presta servicios gratuitos para colaborar. Que la energía dure para que haya resistencia si la negligencia, la incompetencia y eso cercano a la maldad que ahora mismo no sé nombrar, pretende hacer más daño del que ya ha hecho.

A pesar de que el vergonzoso presidente que tenemos declare que continúan las labores de rescate, hay personas denunciando que maquinaria pesada pretende operar donde se sospecha que hay personas bajo los escombros. También hay desinformación.- Máquinas muy grandes pueden ser usadas para remover escombros de edificios colapsados, como parte de lo que hay que hacer para llegar a quienes se sospecha están atrapados (eso leí: suena con lógica). Pero los responsables de estas operaciones por lo visto se comunican muy mal y los responsables de "más arriba" han probado que no se puede confiar en ellos.

Que además de saber que "no aplaudimos" y que "no hay chile que nos embone", sepan también que hasta quien más aguanta tiene un límite. "El valiente vive hasta que el cobarde quiere".


Silvia Parque

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Sismo II

Es impresionante la actitud de solidaridad que desde ayer ha movido a muchísimas personas a poner su esfuerzo físico, su tiempo, su energía, su conocimiento y su dinero al servicio de los demás. Como cabía esperar, el gobierno queda años luz atrás de la sociedad civil organizada. ¿Qué pasaría si así nos organizáramos cuando no hay catástrofe?

Analizo cómo me mueven los sentimientos y confirmo lo cerquita que estoy de la sensiblería, del morbo; me cuido de eso. Dirigimos la mirada hacia donde están los reflectores. Ojalá quienes tienen reflectores iluminen un área más amplia. Ojalá seamos dueños de nuestras miradas y llevemos al menos eso a donde hace falta lo que no está en nuestras manos llevar.

Es normal que nos afecten más los daños de quienes consideramos cercanos o de algún modo "nuestros"; pero podríamos extender ese conjunto. La atención y la ayuda se concentra en la Ciudad de México, dejando de lado a otras comunidades. Y esta cobertura y este interés son mucho mayores que los despertados hace unos días por Chiapas y Oaxaca.

Me voy a dormir pensando en las personas que no han podido reunirse con sus seres queridos. Que mañana sea un mejor día para ellos.

Silvia Parque

martes, 19 de septiembre de 2017

Sismo

Mientras escribo, siguen buscando niños en el colegio colapsado donde ya se cuentan 22 muertos.

"Es una pesadilla"

He orado a cada rato. Yo creo en eso.

Silvia Parque

lunes, 18 de septiembre de 2017

"Eso que piden para ellas..."

Leí esta publicación de Alfonso Dosamantes ["esta" que está AQUÍ] y al pretender comentarla, me extendí tanto que mejor traje el comentario para acá:

Le di una leída y edité para hacer énfasis con otro color; pero hay que tomar en cuenta que es una respuesta a un texto, ¿va?

Te cito: "[...] que se cuide, se respete, se honre, se le procure bienestar, se le trate con decoro a la fragilidad femenina muy a pesar de la tan mentada igualdad de género y de lo que muchos (¿o debo decir muchas?) pelean para no recibir ese trato preferencial a riesgo de que termine por “rayar” en el acoso del cual están huyendo". 

Esto suena a que pelear por no ser tratada como "frágil", lo cual es considerado por ti como recibir un trato preferencial, pone a la mujer en riesgo de ser acosada. Tal vez entiendo mal: a eso me suena. Y no es la pelea por no ser tratada como "frágil" lo que pone en riesgo de acoso a la mujer: es el no entender que si no acepto un trato de "frágil", eso no autoriza a nadie a no tratarme como "respetable"

El tema de la supuesta "fragilidad" es muy interesante. Algunas cosas que pienso:

1. El cuerpo de la mujer la coloca en dos situaciones vulnerables: el embarazo y el puerperio. Yo no diría que es "frágil", de hecho es muy resistente; pero su cuerpo en esos momentos le dificulta defenderse o valerse por completo por sí misma. Hay mujeres que se defienden y se las arreglan para sobrevivir prácticamente solas en esas etapas, pero en general, el cuerpo te pone límites cuando estás gestando o acabas de parir.  

2. Hay muchos mitos acerca de que la mujer es más pequeña y menos fuerte que el hombre. No cuestionamos cuántas mujeres son más grandes y fuertes que muchos hombres y, sin embargo no saben pelear. Tampoco cuestionamos cómo los hombres suelen apropiarse del espacio, aunque estén chaparros y flacos. Esto de que la mujer sea físicamente más vulnerable es una cuestión de educación porque no nos educan para conocer y aprovechar nuestra fuerza ni para desarrollar habilidades físicas -fuera de las "graciosas"-. El hecho de que estemos en un siglo con tanta tecnología lo hace más evidente: hacer frente físicamente a alguien no tiene tanto que ver con quién es más fuerte, sino con quién sabe pelear y defenderse, con quién es capaz de emplear un arma -y me refiero a pensar en un objeto como un arma y usarlo, no a andar armados con navaja o pistola-. 

3. Por lo que sea: algo de biología y mucho de educación: las mujeres tendemos a ser más "sentimentales" que los hombres. Eso podría aprovecharse como un valioso recurso. Si nos coloca en una posición de vulnerabilidad, como frágiles, es porque en este sistema social no se valora al sentimiento como a la razón y porque los mitos del amor romántico nos joden -es la palabra que me parece más atinada-.

Reproducir el estereotipo de que la mujer es frágil y animar a cuidarla por eso, la pone en riesgo de otra cosa que mencionas: 

"ES NECESARIO TOMAR TODAS LAS ACCIONES PREVENTIVAS (muchas ya señaladas en el vídeo) para reducir los riesgos. Les guste o no, lo acepten o no. No sé trata de privarlas de la libertad sino de preservar sus vidas y asegurar el entorno que les rodea…"

La mujer crece y se hace mayor de edad. En ese momento, la mujer toma sus decisiones. Y ahí empieza a contar y mucho, si le gusta o no, si acepta algo o no. ¿Así que si no lo acepta, ni modo? ¿Que se ajuste porque es por su bien? Por más que haya buena voluntad en querer preservar la vida de las mujeres, hay machismo en suponer que se le puede decir "te guste o no, aceptes o no, esto se hace". Yo se lo digo a mi hija a menudo porque tiene dos años. No se lo dices a una mujer adulta. ¡Ni de chiste a "las mujeres"! Esta claro que hablas de ellas, ya que dices "no se trata de privar-las de su libertad". Lo que sí debe ser "les guste o no, lo acepten o no" es que los hombres respeten a cualquiera: a las que van caminando solas de noche, a las que se han puesto borrachas, etc.

Silvia Parque

domingo, 17 de septiembre de 2017

No les pondré una cadenita

Un día, dejaré de olvidar dónde dejé mis lentes. Entonces todo cambiará para bien.

En serio.

Se entiende no saber dónde quedaron lentes de descanso o lentes para el sol; pero los míos, de verdad los necesito para ver. Me los quito porque me incomodan; pero podría dejarlos siempre en el mismo lugar. Y no: casi cada día ocupo un buen rato buscándolos. 

Pierdo también otras cosas. Soy la clase de persona  a la que se le desaparece lo que está usando o acaba de usar (ahora, además, debo contemplar la posibilidad de que B haya tomado el objeto). Pero lo de los lentes es el colmo.

Silvia Parque

sábado, 16 de septiembre de 2017

Vivir en pareja

Hace rato hubo una pelea de box de la que todavía están comentando en Facebook y Twitter... Cuando tenía marido, veía las peleas con él, o bueno: estaba por ahí mientras él veía la pelea. Me gustaba ser "público acompañante"; me gustaba, sobre todo, oír las semblanzas de los boxeadores, referencias al lugar del que vinieran, al lugar en que pelearan, etc. Extraño eso y en general, la vida en pareja.

Yo nací para estar en pareja. No me voy a quedar en pausa mientras estoy soltera, pero no dejo de saber, ni un día, ni cuando estoy más contenta: que nací para vivir en pareja.

Silvia Parque

Que sobreviva México

Hoy a esta hora, hay gente celebrando el aniversario del inicio de la Guerra de Independencia. Yo vestí a B de verde, blanco y rojo para el festejo en su escuelita. Eso me representa el día: el gusto de ver "disfrazados" a los críos de mi familia. Ya he contado que no se me da el sentimiento nacionalista. Y la verdad, soy de las personas que piensan que no estamos para celebraciones patrióticas.

Aquí matan gente como si nada. Matan mujeres básicamente por ser mujeres y figuras de la talla del rector de una universidad son capaces de decir que es porque nos pasamos de libres. Ya se sabe que hay que ser libres nada más hasta donde no vaya a una a provocar que un hombre tenga ganas de violar o matar, porque el pobre hombre se verá obligado a hacer lo correspondiente.

Leí un escrito que me gustó, de una persona con buena actitud: decía que sí había cosas que celebrar, porque tras la independencia mejoraron las condiciones de vida para las personas no españolas ni criollas. Pues sí. Eso pasó. Y sin duda hay que recordar eventos históricos que fueron importantes para procesos a su vez importantes. Pero me sonó a estar agradecida porque mi marido nunca me ha quebrado un brazo ni me ha dejado un ojo morado. Aquí sigue habiendo esclavitud, tal cual, condiciones de vida precarias para muchos y una patética naturalización de la explotación.

Que los fiesteros se reúnan y festejen porque es bueno pasarla bien. Si hay comida típica o las personas se pintan los colores de la bandera en las mejillas: qué bueno. Mis respetos para quienes se sienten arraigados a esta tierra y verdaderamente quieren al país. Creo que su grito de "¡Viva México!" es una valiosa expresión del esfuerzo de su trabajo y de la esperanza de que la situación mejore. A mí la frase se me antoja plegaria: que sobreviva México a los criminales y a los corruptos, que se levante de la miseria moral. Que haya con qué pasar de la sobrevivencia a una vida plena.

Silvia Parque

jueves, 14 de septiembre de 2017

Estancia infantil

B empezó a ir a una Estancia infantil por ahí del final de julio. Al principio dos horas; luego, casi tres. Es necesario para que yo pueda trabajar. Semanas antes, ella había estado diciendo que quería ir a la escuela. La casa de mi abuela está frente a una escuela y parece que le resultaba atractiva. Yo sabía que no tenía idea de lo que estaba "queriendo", pero pensé que lo tomaría mejor de lo que lo tomó.

El primer día no quería quedarse, pero no fue malo. Los siguientes días fueron de mal en peor: llanto, gritos y una carita que me partía el corazón. Como mis ingresos económicos son irregulares, me sentía fatal cuando no conseguía la meta de trabajo para la jornada o no me depositaban o lo que fuera. ¿Entonces qué caso tenía dejarla? Pero necesitaba -necesito- la oportunidad que me dan esas horas. Sigo trabajando en la noche, cuando se ha dormido, pero ya no me desvelo tantísimo. A veces también trabajo un rato por la tarde, pero dejo para esos ratos lo que puedo hacer con un ojo a la laptop y otro a la criatura; era demasiado estresante pretender pensar en cosas que requieren cierta concentración, cuando estoy al mismo tiempo diciendo "cuidado con la cabeza" o "bájate de ahí".

Volviendo a la dificultad de dejarla, la verdad es que fueron varias cosas juntas para mi niña. Nos cambiamos de casa, lo que para ella significó adaptarse a otro lugar, otra vez. Tenía dos semanas de haber dejado la teta. Y los primeros días fui bastante ineficaz al despedirme. Yo había planeado hacerlo inmediatamente antes de que ella entrara al área donde yo ya no paso; pero la dinámica para entregar a los niños no me lo permitió. Debíamos despedirnos en casa y luego afuera de la escuela. Afortunadamente, incluso en los peores días, nunca salió triste o enojada; alguna vez indiferente, pero casi siempre contenta o muy contenta; por eso me animé a seguirla llevando.

Sigue sin querer ir. Cada mañana dice que quiere quedarse en casa conmigo, pero ya no hay drama. Como decía, la encuentro siempre bien cuando voy por ella... incluso cuando me reportan que hizo esto o aquello indebido.

Nunca sentí miedo de que pudieran descuidarla o hacerle daño. Me importaba mucho no llevarla a ninguna estancia hasta que pudiera hablar, para que más o menos pudiera contarme lo que pasa; nunca se sabe a ciencia cierta, pero confío. Antes de elegir el lugar, puse atención en los conceptos que manejan, en cómo se describen, en los mensajes de sus letreros, en cómo se ven las empleadas al salir -vivo muy cerca-; hasta detuve a una mamá que iba a recoger a su niña, para preguntarle cómo se sentía. La entrevista con la directora me convenció: nada de disciplina punitiva.

Mi problema, aparte de esos primeros días en que me sabía muy mal dejarla llorando, fue aceptar soltarla al mundo que no es nuestro mundo.

Piden una lista de cosas cada mes. Y que veo que piden cereal y galletas. Yo nunca le daba cereal comercial* y las galletas en casa son algo festivo de domingo. Pero bueno: a la hora en que asiste, no toca que le den ninguna de las dos cosas, así que solo llevo galletas de las que considero más apropiadas, por si un día se ofrece. La peinan con liguitas de plástico que maltratan el cabello. Hacen peinados que son casi obras de arte; entiendo que es parte de lo que disfrutan y la niña se ve relinda, así que lo acepto. Pero un día le pusieron gel. A su hermoso y virgen cabello lacio de niña de dos años. Sé que soy una sangrona, pero eso sí pedí que no lo hicieran**. Para acabarla, uno de esos primeros días oí a una de las señoritas decir "no creo que haiga". Ni modo.

La verdad es que, aparte de permitirme trabajar, esas dos horas con cincuenta minutos en que nos separamos me dan un espacio para recargar mi capacidad de disfrutarla. No es el ideal, pero ya que va, pues qué bien por lo bueno. Por ejemplo, me ha ayudado mucho a ordenar el día, de manera que sus rutinas le van mejor: hay noches en las que ella misma dice "hay que descansar".

Normalmente se levanta entre 8:15 y 9:30, así que no tengo que despertarla: duerme lo que quiere. Estamos como a tres minutos a pie, de modo que no hay estrés por la ida o el regreso. Un día que me llamaron porque tenía calentura, hice el caminito en un minuto. También sigue haciendo las comidas conmigo, lo que me parece muy importante. De hecho, su oposición a ir se redujo muchísimo cuando le aclaré que no tenía que comer ahí y le di frases para rehusarse.

Esa es la historia. Estoy agradecida con el personal y aprecio mucho poder llevarla.

* Desde la semana pasada, puede cenar cereal en viernes. El miércoles vio el paquete de trigo inflado en la alacena y empezó la campaña "quiero cereal en miércoles" que hoy se transformó en "quiero cereal en jueves".
** De visita en casa de mi hermana, se puso en el cabello todo el gel que le hubieran puesto estos dos meses en la Estancia; a lo mejor más. 

Silvia Parque

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Musical del caos

¡No quiero! ¡No me guuusta! ¡Nooo, mamáááá! Un millón doscientas mil novecientas veces, cada día.

Para contrarrestar y conservar la cordura: canto.

B es público de mis musicales desde que nació; pero hasta ahora hago musicales del caos. Ahora canto: "Tengo una hija que grita muuuucho y no me deja cocinar en paaaz, pero soy una madre maravillooooosa que no se va a impacientaaaar porque sooooy un amoooor de maaadreee" y tralalá tralalá. Además, tengo una nueva versión de "no me quiero bañar"que es un gran éxito. Ya tenía la de "no me quiero secar" y "no me quiero cambiar", pero ahora el hit es "no me quiero estar quieta". Le gustan, la ponen de buenas :)

Silvia Parque

martes, 12 de septiembre de 2017

Que no se pongan moños al buscar trabajo

Una persona en un grupo de Facebook recomienda que la gente no se ponga moños al buscar empleo. ¿Cómo que Fulano pregunta dónde hay un trabajo en el que se descanse los domingos?

¿Será que quiere descansar los domingos?

La situación económica hace que mucha gente tenga gran necesidad y acepte condiciones de trabajo a veces injustas, a veces simplemente condiciones que no son las que quería; pero una persona no solo está en su derecho a buscar el trabajo que mejor le acomode sino que además, buscarlo así, como lo quiere, evidencia autoestima. Ya se verá si los posibles empleadores ofrecen o no lo que la persona quiere o necesita. Porque para empezar, la gente no sabe si lo que alguien quiere es algo que realmente necesita. A una señora casi se la comían en un grupo de Facebook porque buscaba un trabajo de lunes, miércoles y viernes; simplemente: era una señora que limpiaba casas y ya tenía ocupados los martes y los jueves. Pero si se trata de una condición que no es sino el gusto de alguien, pues muy su gusto.

Es cierto que hay actitudes en las que no se ven las ganas de trabajar y también es cierto que algunas personas llegan con ínfulas a las entrevistas. Sin embargo, daríamos medio paso hacia condiciones de justicia social, dejando de pensar en el trabajador como alguien a quien se le hace el favor de emplearle y respetando el derecho de la gente a establecer sus propias condiciones.

Silvia Parque

domingo, 10 de septiembre de 2017

Lo que aprendí en el año 37

1. No tengo idea.- No sé lo que va a pasar. Las personas sorprenden, para bien y para mal.

2. Tengo clara idea.- Sé lo que está pasando, no necesito hacer una encuesta para confirmarlo y sin importar cuántas vueltas le dé: está pasando.

3. No hay que "dejar pasar".- No está la vida como para dejar que alguien le coloque a una en una posición que no corresponde, incluso cuando no haya mala intención de su parte. En otro orden de ideas: tomar y aprovechar lo mío es bueno y conviene.

4. Hay que "dejar pasar".- Pocas cosas importan; estar en pie de lucha no es lo mío. Muchas veces vale más una relación o cuidar a la otra persona, que poner puntos sobre las íes. En otro aspecto de "dejar pasar", de verdad que no hay que forzar nada: estar de terca queriendo un X que se niega, la deja a una sin el Y que estaría mejor.

5. Voy a morir.- Es diferente saberlo como una nota informativa, como una sabe que hay agua en la luna, a saberlo con el cuerpo, con el alma. Tengo un tiempo limitado para hacer lo que quiero, tan limitado que el "quisiera" es una pendejada -busqué sin éxito una palabra más justa-. En estrecha relación con esto: atender el cuerpo es primordial porque ni trabajo, ni crianza ni nada funciona, si el cuerpo no funciona.

6. No estoy muriendo.- Lo que se echó a perder, ahí queda; lo que no fue: no fue. "Esto" es la vida que hay y está padre porque la alternativa es no estar viva: no son alternativas reales todas las situaciones vitales que puedo imaginar; las opciones reales son: a) tomar los recursos que tengo y hacer algo con ellos, b) no hacerlo, c) morir.

7. La familia es primero.- Se necesitan aliados en este mundo. La familia es eso a tope; es eso y un camino espejo de la identidad. Y eso está por encima de muchas cosas.

8. La familia no siempre es primero.- Encuentro y creo la forma de mi familia en lo que voy andando, sin ajustarme a lo que apriete. Si hay que tomar distancia, simbólica o literal, de cualquier persona en cualquier momento, la tomo, por el tiempo que sea necesario. Lo primero es cuidarme a mí misma.

Silvia Parque

sábado, 9 de septiembre de 2017

Dramáticamente cerca de los cuarenta

Empecé a celebrar mi cumpleaños el primero de septiembre. Por sugerencia de un amigo, lo extenderé hasta el último de octubre. Serán 37 años.

Lo que más me ubica en "mi edad" es ver a personas más jóvenes trabajando; la generación que sigue a la mía ya no está "recién empezando", ya no "acaba de salir de la escuela".

Yo me siento vieja en función de cuánto siento desperdiciada la vida o el tiempo y sentí mucho desperdicio cuando hubo que pagar la apuesta vital que perdí; pero recordé que me gusta jugar, que el juego en sí mismo valió y vale la pena.

Silvia Parque