jueves, 30 de junio de 2016

Los soles


Me da un gusto especial ver a B con sus libros, porque he tenido una relación amorosa con los libros toda la vida.

Hace unos días, tomé "¡Todo bien! El pez payaso" y empecé a leer. Ella fue por su pez payaso y me lo mostró. Ya lo había hecho antes, pero no deja de encantarme. Luego -como siempre-, buscó la página donde aparece el sol y lo señaló; yo dije: "el sol", y ella fue por su otro libro, encontró el dibujo de un sol, y me lo mostró. Me sorprendió porque las imágenes no se parecen.

Silvia Parque

miércoles, 29 de junio de 2016

Lo que "se me desencadenó"

He tratado de escribir esta entrada varias veces, pero me interrumpo y días después elimino el borrador. Ayer por fin logré escribir hasta terminarla; me propuse revisar y publicar hoy... va a ser que sí. Trata de lo que se me desencadenó a partir de la experiencia de estar con B en el hospital. Allá por el mes de marzo...

Al principio, tenía necesidad de hacer catarsis y contar exactamente cómo fue esa tarde y esa noche. Ya no siento esa necesidad y además no quiero dramatizar. Gracias a Dios, no puedo hablar, en realidad, de una "hospitalización": simplemente tuvimos que esperar seis horas en el área de urgencias para que le hicieran una tomografía. Que le asignaran una cuna y me dieran una silla, podría tomarse como un modo de hacer menos incómoda la espera, pero a mí me provocó sentir que la niña estaba internada. Cada procedimiento fue como tortura china para ella y yo no podía consolarla con teta porque le indicaron ayuno.

Lo que nos llevó ahí fue una bola en la cabeza: un chichón, según diagnosticamos mi amiga repostera y yo. La doctora del consultorio gratuito más cercano, me envió a hacerle un ultrasonido de inmediato: dijo que el chichón -no recuerdo cómo lo llamó- estaba muy grande y que estaba "saliendo líquido". No he tenido peor imagen mental que la de líquido cefalorraquídeo saliendo del cerebro de mi hija. Mientras caminaba de regreso a mi casa, empujando la carriola lo más rápido que podía, hablaba con Dios para oírme a mí misma: "yo te la encargo todos los días... tú la quieres más que yo".

Contacté a nuestra pediatra particular -que es una estrella-, y quedamos en ir a verla al hospital donde también trabaja. El ultrasonido no era apropiado; sería una radiografía y dependiendo de lo que saliera, tal vez una tomografía. En ese punto de la aventura, yo ya había referido varias veces que B no se golpeó, que no la perdí de vista sino unos segundos, y que en esos segundos no lloró ni pasó nada especial. El abultamiento lo noté al bañarla, y como la baño todos los días, sabía que no estaba el día anterior. La niña, como si nada.

Los rayos X mostraron una fisura craneal del lado en que no había chichón. Seguramente una vez en el pasado, sí se pegó duró. La doctora dijo que era como una rasgadura en una cáscara de huevo que no llega a quebrarse: que no había problema. Lo raro es que no apareciera nada del lado del bendito chichón: porque era enorme. La doctora lo mostró a otros médicos y todos se sorprendían -o eso me pareció-: era muy alto y prácticamente tenía la longitud de la mitad de la cabeza. Todos asumieron que la causa era un golpe. La doctora me notificó, con su amabilidad de siempre, que se había dado parte al ministerio público: que se hace siempre que llega un menor con un golpe en la cabeza. Hasta ahí estábamos bien, pero terminó su turno, y el resto del personal del hospital no se portó como ella.

Varias personas me han dicho que el trato que me dieron se debe a que ven cosas terribles. Me consta que llegó una señora con un muchacho quemado, y cuando le preguntaron cómo pasó (la quemadura), respondió a la defensiva: "pues se quemó". ¡Así nada más! Pero aunque entiendo cómo deben sentirse, su trabajo no es juzgar.

El caso es que mis dichos no tenían sentido. Les decía que entendía que aquello debía ser el resultado de un golpe, pero que nunca se pegó delante de mí, y nunca dejó de estar delante de mí. La peor fue la anestesióloga:

- ¿A qué hora empezó a vomitar?
- No ha vomitado.
- ¿Qué le pasó?
- No le pasó nada.
- A ver, señorita -dirigiéndose a la enfermera- ¿usted sabe qué pasó?, porque la señora no sabe nada.

La prepotencia merma el profesionalismo. ¿No saben que deben presentarse, explicar qué van a hacer? ¿Que los menores tienen derecho a estar acompañados en todo momento, aunque a ellos les caiga mal el papá o la mamá que acompañan? Al menos, la indignación me hizo recuperar capacidad cognitiva. Antes de eso, la trabajadora social me había entrevistado y tuve que pensar antes de responder mi nombre. Como resultado, se levantó el reporte de que yo estaba en shock y se sospechaba omisión de cuidados o maltrato. Tal vez contribuyó a levantar sospechas, que yo repitiera: "lo siento, lo siento mucho". Quién sabe. El caso es que una semana después, tuve que ir a declarar a una agencia del Ministerio Público. Cuando me leyeron lo que se reportó del hospital, sentí como si el estómago se me diluyera.

En este punto, porque no sé dónde más, quiero volver a mencionar a nuestra pediatra. Tengo la fortuna de que Dios ponga en nuestro camino a los profesionales indicados; pero con la pediatra nos sacamos la lotería. No me sorprendieron sus consideraciones ni sus decisiones acertadas; me sorprendió verla tratando a cada persona del mismo modo respetuoso y amable; incluso a una mujer que se quejaba del servicio.

Otra profesional que Dios puso en nuestro camino, con propósito muy diferente, fue la trabajadora social. Cuando llegó a entrevistarme, B por fin dormía.

Dije por primera vez, digamos "oficialmente", que el papá de B y yo no somos esposos. Él tenía pocos días de haberse ido de la casa, y decir la frase me impactó. La trabajadora asumió que él no figuraba y cuando expliqué que le veíamos todos los días, que estaba esperando afuera, concluyó que él tenía otra familia. Dada esa forma de sacar conclusiones -erradas-, me dio miedo que se me escapara algo que pudiera hacer pensar que nuestra familia fuera mala para mi niña. De por sí, yo tenía trabajo interior pendiente, en ese tema.

Tampoco había dicho "oficialmente", fuera de una consulta médica, que B tiene Síndrome de Turner (ST). Creo que "decir" inscribe nuestra realidad en la realidad de los otros, y eso cambia nuestra realidad. No sé si por eso, fueron apareciendo incidentes:

- Al día siguiente del hospital, su papá me contó que cuando por fin nos dieron el alta, y fue a acompañar a la bebé mientras yo me encargaba de los trámites, se refirieron a ella como "la niña Turner". Me dio rabia. No es la "niña tal-cosa", tiene un nombre. En todo caso, sería la niña con una bola en la cabeza porque por eso estábamos ahí. Pero más me vale entender cómo pueden convivir los demás con la diferencia. Hay grupos de Facebook en los que las mujeres con ST se definen a sí mismas como "chicas Turner", son parte de una comunidad, es parte de su identidad.

- Esa misma semana fuimos a ver a un amiguito bailar, y entre el público, una jovencita con discapacidad cognitiva me preguntó: "¿Tu niña es especial?" Dije "no" lo más rápido que la palabra pudo salir de mi boca. Una respuesta tajante y apresurada que llevaba implícito: "como tú: no". La misma mirada que no quiero para mi hija. "Un poquito especial, sí", me corregí. Tengo tanto que trabajar en mi forma de mirar.

- En la Agencia del Ministerio Público, cuando mencionaba los rasgos físicos del ST, la encargada me dijo: "sí le noté en los ojos". Y me inflamé. Lo dijo con normalidad, pero yo pensé que no tenía nada que notarle a los ojos de mi niña, excepto que son preciosos. Cómo si hubiera algún problema con que se note.

Esa noche famosa, como a las tres de la mañana, el médico de guardia me dijo que la tomografía no mostraba ningún daño; que tal vez, la inflamación era una especie de linfedema, como los característicos en pies y manos del ST. La señorita que me tomó la declaración en el Ministerio Público se centró en esa posibilidad, que tomó como hecho. Semanas después, en la consulta rutinaria con la pediatra, la doctora me aclaró que el abultamiento estaba lleno de agua. Quién sabe por qué. Hay mucho que no se sabe.

Por último.- Hace meses, cuando vi ESTE VIDEO, me sentí identificada con la sensación de este papá; no tanto por haber fallado sino con mucho miedo de fallar -de fallarle a ella-: por decir o no decir, por sentir esto o aquello, por lo que no me quede tan claro. Él dice: "por karma necesito arreglar lo que acaba de suceder", "quería dejar esto en claro públicamente, para mí mismo". Algo de eso había en mi necesidad de escribir.

Silvia Parque

martes, 28 de junio de 2016

Mamás ofendidas

He estado leyendo sobre el sueño en bebés y niños pequeños, e igual que cuando estaba embarazada y me receté todo lo que encontraba sobre crianza, me llama la atención la necesidad que tienen muchas madres de defenderse agresivamente. Los comentarios a publicaciones y las participaciones en foros, suelen incluir muestras de qué tanto una persona puede sentirse agredida porque se diga algo bueno sobre algo que ella no está haciendo o de lo que no es partidaria.

Lo primero que tengo que decir es que lo comprendo. También soy especialmente sensible con lo relacionado con mi maternaje y mi relación con B, así que no estaré taaan lejos de esas mamás de las que hablo -entre lo que he leído, no me ha tocado encontrar papás-. Pero yo podré ponerle intensidad a mis modos de asumir posturas, sin embargo, agredida no me siento si no hay signos de descalificación o denostación -así sea en broma-. Estas mamás, en cambio, sienten que una declaración a favor de lo que ellas no hacen, implica una acusación por no hacerlo.

Silvia Parque

lunes, 27 de junio de 2016

Mi bebé comparte su teta

Esta entrada no es apta para personas sensibles en cuestiones religiosas.

Hoy he amamantado a Jesús.

Me parecía tierno leer que los niños amamantados ponen a sus muñecos en la teta. Yo varias veces me había puesto un muñeco en la teta, pero a B ni le iba ni le venía; si mucho, alguna vez me dio a entender que dejara de jugar con el muñeco y jugara solo con ella.

Hoy le dejé tomar una lamparita que me dio mi abuela: es de plástico blanco y tiene la forma de Jesús... muy... singular. Yo soy cristiana, pero no me hace nada tener una figura. Funciona con pilas y el foquito no se calienta, así que no hay problema con manipularla. B la tenía, me pidió teta, me levanté la camiseta, y me puso a Jesús. Me ha parecido muy amable de su parte.

Silvia Parque

sábado, 25 de junio de 2016

Tocando fondo con la hora de dormir

Hoy he estado a punto de soltarle una palabrota a B. Me pegó varias veces con la cabeza, por accidente, en lo que se movía como cachorro pulgoso en la cama, a la supuesta-hora-de-dormir. Ya otras noches se había agotado mi paciencia antes de que le llegara el sueño, pero nunca me había molestado con ella. Ahora sí porque me dolió. Y la verdad es que no es justo:

Ella dio signos claros de que tenía sueño pasadas las ocho de la noche, pero como a mí se me hizo tarde en tener la cena lista, no la acosté a su hora; ya había comido dos mangos, así que podía considerarla cenada, pero yo quería que comiera pasta y luego quise que me dejara cenar. Podía pasar que al llevarla a la cama cayera rendida, o que se le hubiera espantado el sueño. Pasó lo segundo.

Tan fastidiada me sentí, que la traje al corralito y me puse a buscar el método Estivill en ese momento. Mi idea era, siguiendo el consejo de Matt, aprovechar lo que pudiera adecuarse a nosotras. No leí sus libros, pero leí varios de los resúmenes de sus consejos, asegurándome de no hacerlo desde la visión de alguno de sus detractores. Ya los conocía, pero en definitiva son otra cosa cuando se leen con una niña de un año bien despierta a la hora en que una no puede más. Sigue dándome repelús, pero algo bueno saqué de estas lecturas. Puede parecer muy básico, pero a mí me hace mucha falta asimilarlo:

Yo estoy a cargo. Debo y puedo implementar lo que me parezca conveniente, con toda seguridad. Obviamente, las necesidades de la bebé están en el centro de mi atención; pero ella no va a definir qué se hace y qué se deja de hacer. 

O sea: Yo estoy a cargo. [Repetirlo 500 veces o hasta que entre al tuétano.]

De lo anterior se desprende algo que llevo más de un año tratando de implementar (considérese que tardé meses en conseguir usar siempre biberones limpios):

Uno de mis encargos más importantes es poner orden: regularizar. Los niños se benefician de las rutinas adecuadas a sus ritmos: hábitos que permiten a sus organismos acostumbrarse a "lo que toca"... incluyendo que "toca dormir". Así que no debe ser común que, como hoy, se me haga tarde para darle de cenar. Y necesitamos ir bajando el nivel de actividad cuando llega la tarde (nuestro ritual para dormir se convierte en pijamada). 

Y bueno: a partir de la búsqueda inicial del método Estivill, encontré varios artículos con consejos prácticos. No me atrevo a recomendar ninguno, porque en las lecturas preliminares a todos les encuentro algo a lo que le pongo tache, pero ya contaré qué funcionó... porque algo funcionará.

Silvia Parque 

viernes, 24 de junio de 2016

Ayuda doméstica

Desde que nació B, no me he dado tiempo para sentarme a pensar con tranquilidad, visualizando lo que quiero. Se hace necesario porque hay cosas importantes que han cambiado en mi vida, y espero más cambios pronto.

Cuando me ponga a la labor y empiece a escribir una lista, hay algo que voy a subrayar con rojo: algo que deseo con toda mi alma:

Quiero... Necesito... Me es indispensable tener ayuda doméstica. 

Sueño con una empleada o un empleado que se encargue de la cocina y del baño. Hago cuentas pensando en la posibilidad de que alguien viniera al menos una vez a dejar mi cocina como las cocinas decentes. Me imagino con una economía sin las emociones que incluye la que tengo ahora, contratando a alguien, antes que gastar en cualquier otra cosa.

Silvia Parque

Inicializando

Inicializar.- "Establecer los valores iniciales para la ejecución de un programa". RAE

Esta semana inicié una actividad laboral que nunca imaginé: promuevo un producto por teléfono. Lo hago desde mi casa, yo manejo mi horario, y no tengo que cubrir cuotas de ningún tipo, así que es compatible con la crianza y con mis otras actividades.

Me tomé esta semana para probar modos de organizarme con B, y para perder el miedo a las llamadas, así que podría decirse que empecé "despacio". Es increíble, entonces, cómo estoy cansada. ¡Muy cansada! Desde la semana pasada, que fui unos días a capacitarme. Parece que cada cosita que se añade al día, me pesa en la parte superior de la espalda... o en las rodillas... o en los pies. Pero me da gusto hacer cosas de provecho.

Silvia Parque

miércoles, 22 de junio de 2016

La coincidencia

A los catorce años, encontré un grupo de personas con las que coincidía en intereses; aunque yo no hablaba mucho, recuerdo oír hablar a los demás -mayores que yo-, y gozarme en la posibilidad de estar ahí.

Con el tiempo he ido valorando cada vez más la coincidencia, sobre todo en cuestión de lenguaje.

Creo que es necesario para la salud mental, contar con alguien que comparte no solo vocabulario, sino una visión y entendidos fundamentales.

Silvia Parque

martes, 21 de junio de 2016

Los maestros

A mí, la mecánica de la lectura me la enseñó mi mamá... pero sí: en primer grado de primaria, aprendí a "leer bien"; mi maestra era una joya -además era mi tía-. Lo pienso a propósito de uno de los eslogans que circulan: "estoy con los maestros porque un maestro me enseñó a leer".

Yo no apoyo la lucha magisterial porque crea que los maestros sean una maravilla. Me consta que hay profesores que no leen, otros que a pesar de sus lecturas tienen mala ortografía, alguno que otro descaradamente ignorante. Y no me consta personalmente, pero es sabido que hay profesores que cobran sin presentarse a trabajar, o que el sindicato protege a sus afiliados al grado de que abusadores sexuales son reubicados en lugar de ser despedidos y encarcelados. ¿Y cómo ignorar que la lucha social está plagada de gente acarreando agua para su molino?

En los conflictos sociales, no hay "buenos" y "malos" como en las caricaturas; sin embargo, al menos en este caso, sí hay una "parte" oprimiendo sistemáticamente a otra. Los maestros representan a los muchísimos oprimidos en este país. Y no suele funcionar pedir por favor al opresor, que tenga la amabilidad de dejar de beneficiarse a costa de los otros.

Silvia Parque

lunes, 20 de junio de 2016

Costos

No sé si siempre, no sé si todo; pero en general, obtener y conservar lo que se tiene, cuesta; hasta vivir en tranquilidad, cuesta... quiero decir que "algo" hay que hacer: a veces, lo que hay que hacer es simplemente pedir, pero "algo" se requiere. En algunos casos, el costo es de esfuerzo o de dolor.

A veces, el costo lo paga otro; lo tengo presente porque lo dicen a menudo en la Iglesia.

Yo creo que suelo ser consciente de qué y de cuánto cuesta lo que quiero. Varias veces me he negado a pagar costos altos por cosas que valían, sí, pero que a mi juicio no valían la pena. Muy pocas cosas valen pasar pena.

Cuando una de esas pocas cosas se hace necesaria, qué tentador es negar que tiene un costo, regatear el precio... tratar de huir de la pena.

Silvia Parque

domingo, 19 de junio de 2016

El día del padre en un país con guerra


En México es "día del padre" y, tal como ayer, tal como hace años, estamos en guerra.

Son días de ánimo encendido, entre el futbol, el matrimonio igualitario y la marihuana... Entre tanto, la gente que no importa es eliminada.

He creído y sigo creyendo, que pensar hace diferencias, y que las palabras crean. Me aferro a eso mientras le hablo a mi hija dormida.

Silvia Parque

viernes, 17 de junio de 2016

Resfrío

Lo clásico: cuerpo cortado, ojos irritados, nariz congestionada, estornudos de cuando en cuando. Yo creí que me estaba poniendo circunspecta por pensar en las cosas serias de la vida, pero no: era el efecto del bichito al que le estaba dando alojamiento. Me temo que B no va a darme días libres por incapacidad.

Silvia Parque

jueves, 16 de junio de 2016

La hora de dormir

Hoy, el papá de B y yo hemos tenido una conversación importante sobre el sueño de la niña. Por si no tienen todo el tiempo en mente mis interesantísimos ires y venires con B, les recuerdo que la "hora de dormir" ya era prueba superada, que teníamos una rutina agradable que funcionaba... y que luego ya no: se descompuso. Atravesábamos la descompostura cuando la niña enfermó, y así llegamos al día de hoy, en que mis actividades están a punto de cambiar, lo que incrementa la necesidad de que ella duerma a sus horas, para que yo disponga de mi horario de adulto.

La verdad es que el papá de B y yo nos complementamos bien como padres porque somos diferentes; él aporta a la crianza elementos y recursos valiosos que yo no podría; pero precisamente porque somos diferentes, a veces no estamos de acuerdo. Hoy me sonó "estivilliano" y por supuesto, me opuse tajantemente a cualquier paso en esa dirección. Afortunadamente, hasta ahora no hemos tardado en entendernos y en encontrar una vía que nos satisfaga a ambos; siento que siempre, eso a lo que llegamos es mejor que lo que cada cual pretendía; incluso, si nos quedamos con lo que pensaba él o lo que pensaba yo, "eso" mejora después de haberlo hablado.

Silvia Parque

miércoles, 15 de junio de 2016

"Se cayó de la cama y se puso a llorar"

Ayer oí un sonido atroz, y luego, el llanto de B. Se había caído de la cama.

Era muy tarde cuando se durmió; renegó cuando intenté ponerla en su cuna, así que la dejé en la cama para no arriesgarme a que se despertara. Evidentemente, me arriesgué a que se cayera. Su papá me había advertido que no la dejara en la cama sola, porque ya se mueve mucho. Ayer mismo, antes de la caída, dos veces me había asomado a verla porque hizo ruidos, y no estaba en donde la había dejado.

Qué horror de sonido. Qué feo encontrarla en el piso...

Cuando dijo "aguacate", supe que todo funcionaba bien. Al ratito estaba cantando y queriendo que se encendiera el foco. Gracias a Dios.

Silvia Parque

martes, 14 de junio de 2016

Se vale elegirse a una misma

Es común que las personas se vuelvan incómodas para sus cercanos cuando van a terapia psicológica, si trabajan con cambios de conciencia profundos. Un portador de malestar suele llevar consigo, por ejemplo, mandatos familiares, y aunque su familia entera haya clamado que buscara ayuda, cuando la persona empieza a moverse de la posición que ha tenido, su movimiento incomoda porque es muy probable que rechace esos mandatos usualmente implícitos y a veces negados con los que ha vivido: mandatos que la familia querrá conservar. Es más o menos conocido que cuando las personas se recuperan del alcoholismo, y quieren asumir una nueva posición en la familia: molestan -por decir lo menos-.

Entonces, la persona enfrenta una decisión trascendental: satisface la necesidad de los que están alrededor, o la propia. Al menos en un primer momento, la experiencia se vive así; de algún modo es una emulación de lo que sucede en crisis vitales normales, como la de la adolescencia, cuando toca decidir si "satisfago las expectativas de mis padres o las mías". Aunque mis expectativas y las de ellos (las mías y las de los otros) sean materialmente equivalentes, la decisión de optar por las propias es fundamental para la constitución de la identidad adulta. Elegir mi supervivencia física, psíquica, emocional, va a seguir siendo indispensable toda la vida, para la salud mental y el bienestar.

Por eso, cuando por ejemplo, un hombre casado que está siendo infiel es descubierto y termina su romance anteponiendo a su deseo, la culpa, la responsabilidad o similares, es probable que se quede con una herida que le va a pesar toda la vida -o hasta que encuentre el modo de afirmarse a sí mismo-. No estoy diciendo que haya que dar rienda suelta a los deseos; estoy diciendo que cuando hay que cambiar una dirección por la que estamos caminando, si la decisión no es en primer lugar "para mí", me va a hacer mal. Es común -sobre todo entre mujeres- que se postergue o se deje de lado la satisfacción de una necesidad, en favor de personas que necesitan cuidado, como un hijo pequeño, un padre anciano o un enfermo; si es con la conciencia de que lo hago realizándome en el amor -dejándome existir con ese amor-, no habrá un pesar de sacrificio; si es porque el otro me oprime con su necesidad, puedo sentirme anulada y enfermar (cursar con depresión, por ejemplo).

Se vale elegirse a una misma. Si se practica con frecuencia, molestará tanto a quien quiere que le elija por encima de mí -sobre todo si supone que tiene derecho a ello-, como a quien no se está eligiendo, y percibe mi propia consecución como amenazante -amenazante para su idea de que no tiene opción, por ejemplo-. Es común que los hombres pretendan lo primero, y que a las mujeres les ocurra lo segundo.

Silvia Parque

lunes, 13 de junio de 2016

Peligro

Según la Ley de Murphy, si algo puede salir mal, saldrá mal. Yo que elijo pensar lo bueno, nunca le hago caso; pero con B, me estoy convenciendo de que: si hay alguna probabilidad de que acceda a algo que es peligroso, accederá a ello.

Silvia Parque

domingo, 12 de junio de 2016

Elegimos de qué somos parte

B está enferma. Mi mamá dice que tiene un espíritu fuerte. Yo no puedo dejar de admirar su ánimo. Es tan diferente a mí: tan vital... Tiene una infección en la garganta, así que no es algo grave, pero me preocupa porque la hace vomitar y eso es una patada en el trasero para nuestra estrategia de engorda. Además, las calenturas en los bebés me dan miedo; es el efecto que me dejó la impresión de la película sobre la vida de Hellen Keller, y el tramafac que le dio a mi hermana -la que sigue de mí-, cuando mi mamá intentó bajarle una fiebre, bañándola con agua fría.

El caso es que le he puesto a mi niña, ropa cómoda y bonita, de colores vivos, para hacer "vibra de recuperación". Ahora duerme, y según mi mano, la temperatura está controlada. Yo estoy cansada -muy cansada-, pero aprovecho para ver qué hay en el mundo, y Twitter me dice que en Orlando, un homófobo atacó a decenas de personas.

Creo notar que han aumentado los crímenes de odio en estos días (respecto al ritmo del último par de años). No me detengo a leer esas notas: veo los encabezados de los artículos y paso de largo; pero pienso en lo que hago con B para que no sea parte de esa locura de mundo. Estoy convencida de que ser parte de lo bueno o ser parte de lo malo, irradia; yo no irradio odio, y ella tampoco lo va a hacer.

Hoy por la mañana pensaba en la tontería de una frase que a veces he soltado, y le he oído a otras personas, sobre todo a mamás: "prefiero que le dé esto a que le dé aquello". Yo estaba pensando que mejor la noche de vómito y dolor, a la noche de fiebre, porque al fin el vómito y el dolor no la ponen en peligro, al menos no en peligro "inminente". Antes de acabar de pensarlo: digamos que pensando encima del pensamiento, me decía a mí misma, que qué tontería: "mejor algo menos peor". Lo que una quiere es salud completa, y en eso debe enfocarse el alma. Pero viendo a mi niñita dormida, ajena a la maldad de allá afuera, pienso: "mejor que esté enferma de la garganta, y no de lo que tiene esa gente".

Silvia Parque

viernes, 10 de junio de 2016

Civilizando

Estamos civilizando a B, y eso implica un montón de restricciones. Aquí la lista:

- Entrar a la cocina.
- Entrar al estudio.
- Entrar a la recámara sola.
- Entrar al baño sola.
- Comer lo que no es comida.
- Tirar la comida fuera de la charola.
- Manotear a las personas (incluida ella misma).
- Morder a las personas.
- Impulsarse hacia atrás en la sillita para comer.
- Pegarse en la cabeza.
- Huir del cambio de pañal.
- Bajar las manos al "área de cambio de pañal".
- Ponerse de pie en la bañera.
- Jalar cables.

A eso hay que agregar que la hora de dormir se instala aunque ella tenga ganas de fiesta, que papá come delante de ella cosas que ella no puede comer, que hay que esperar a mamá muchísimas veces durante lo que parece una eternidad, etc., etc.

¿Cómo se puede dudar de la necesidad de ser gentiles con alguien que pasa por semejante proceso?

Silvia Parque

jueves, 9 de junio de 2016

En medio del asunto del matrimonio gay, como tema: lo que no se vale

Luego de las declaraciones del Presidente de la República, en relación con hacer que se reconozca el derecho humano de las personas homosexuales para contraer matrimonio entre sí, y lo que ello implicaría para la posibilidad de que adopten hijos, hay una reacción social de la que tengo una probadita interesante en mi muro de Facebook, donde puedo ver las publicaciones de un conjunto realmente variado de personas -muy, muy variado-.

Como es lógico, la Iglesia Cristiana (católica y no católica) tiene una postura abiertamente en contra, tanto del matrimonio civil entre personas del mismo sexo, como de la posibilidad de que adopten niños. Yo soy cristiana, pero esa no es mi postura. Sin embargo, esta entrada no es sobre mi postura, sino sobre la manera en la que se expone y discute sobre el tema; sobre lo que no se vale:

- No se vale descalificar lo que piensan, quienes piensan diferente a mí, en función de atributos que no tienen relación con la validez de las ideas. Que el otro no sea papá, que no tenga grado académico, que no forme parte de una institución, etc., no es razón para descalificar lo que sea que piense o diga (habrá otras razones, tal vez).

- No se vale juzgar desde el desconocimiento. No puedo hacer juicios sobre una teoría, una propuesta, un estilo de vida, si lo que sé al respecto, lo sé de oídas, o peor: lo sé desde la descripción o explicación de quienes denostan tal teoría, propuesta o estilo de vida. A muchos les sorprendería saber que las mujeres más empoderadas que conozco, son las Pastoras de mi congregación. Y ni se diga la cantidad de veces que he oído descalificaciones sobre el feminismo, por parte de personas que no han leído ni escuchado seriamente a las teóricas o activistas del feminismo.

- No se vale tener doble vara para medir, es decir: no se vale que lo que apoya lo que pienso es evidencia irrefutable, y lo que no lo apoya, es un invento o no tiene sentido. Porque resulta que dos casos -o veinte casos, o cien- de chicos criados por homosexuales, que terminaron fatal, indican que es nefasto que los homosexuales críen; pero dos casos -o veinte casos, o cien- de chicos criados exitosamente por homosexuales, no indican nada.

- No se vale descontextualizar. Cuando lo hacen profesionales que se presentan a sí mismos como autoridad en un área, eso se parece mucho a engañar: no creo que sea inocente que sentencien a partir de lecturas parciales, tergiversadas y hasta perversas, tanto de textos como de la realidad (tengo en mente una publicación de José Alberto Garza).

Silvia Parque

miércoles, 8 de junio de 2016

Casi una bruja malvada

Ayer pasó algo muy importante de la peor manera posible, y me sentí mierda.

El día se complicó, se me hizo tarde para darle de cenar a B, y me sentía agobiada por diferentes cuestiones del mundo adulto, ajenas a ella. Cuando finalmente la tenía en su silla con comida en su charola, tomé la mala decisión de responder unos mensajes, lo que ocasionó una insistente búsqueda de atención de su parte, como podía preverse, dado que había esperado por esa atención durante horas. Así que empezó a tirar comida fuera de la charola, y yo dije "no-no-no-no-no" de la manera más neurótica imaginable. No grité, pero ni falta hizo para que sonara de lo más desagradable. Entonces ella repitió, con su voz dulce: "no".

Decir "no" es muy importante. Es un hito en la definición de la identidad. En ese momento, B solo estaba repitiendo la palabra, no estaba usándola en realidad para significar "no", pero la dijo, y me dio mucha pena que fuera de ese modo.

Me disculpé con ella. Me disculpé a mí misma. Y hoy me hizo bien que me recordaran que así va a ser: que a pesar de todo el esfuerzo que ponga por tratarle gentilmente, el trabajo de mamá es de tal manera, que a veces me saldrán del alma expresiones de neurótica desagradable, y ni modo.

Silvia Parque

martes, 7 de junio de 2016

"¿Cuánto cobrarías por...?"

Al trabajar por cuenta propia, el cliente se convierte en "algo" realmente valioso. El prospecto, el interesado, el que simplemente es parte de un público al que va dirigido el servicio, se convierte en alguien a quien da gusto acercarse, conocer y tratar, porque su existencia -eventualmente, su presencia- da sentido a lo que una hace; es así, aunque no contraten el servicio ofertado.

Yo aprecio que hagan contacto conmigo, de cualquier forma. No tengo problema con que me pregunten si hago un trabajo que imaginan que podría hacer, pero no hago (como captura o transcripción de datos); mucho menos me incomoda que me pidan descuentos o plazos para pagar: al contrario -casi siempre hay modo de llegar a un acuerdo-. Pero hay dos cosas que no me gustan:

- Que me pidan una cotización formal con el único interés de conformar la terna que se solicita en muchas instituciones, antes de tomar la decisión de a quién se encarga un trabajo; es decir, que me pidan el presupuesto sabiendo de antemano que no están considerando la posibilidad de elegirme. Entiendo que así funciona el mundo: tal vez me disgusta porque, si me pidieran la cotización como favor, avisándome de qué se trata, lo haría sin problema.

- Que me pidan que les haga la tesis. Desde estudiantes de licenciatura que en su vida van a volver a escribir un trabajo de más de diez páginas, hasta doctores que lucran con sus títulos y son considerados autoridad en sus temas. No es correcto. Y por si mis principios fueran tembeleques, ¡no me conviene! En absoluto. Dependiendo de quién lo propone, hay algo de intento de explotación en eso... de abuso. Yo entiendo al tesista desesperado y tengo una variedad de opciones para quien no puede más: "compongo" trabajos, redacto a partir de borradores, etc.; lo otro no es digno.

Silvia Parque

lunes, 6 de junio de 2016

Sobre la privacidad de los hijos, en internet

Matt escribió "En defensa de una famosa youtuber...", y tocó el tema de la privacidad, en relación con lo que se muestra de los niños (de los hijos).

Yo he pensado mucho en eso, porque el papá de mi hija tiene una postura extrema sobre el tema: "no decir ni mostrar, hasta que ella tenga edad para decidir si quiere que se diga o se muestre". Él respeta mi necesidad de escribir sobre la niña, y confía en mi criterio; pero su postura me hace cuestionarme, qué de lo que yo "diga" puede dejarla de algún modo "expuesta" y por ello, "vulnerable".

Un blog que sigo, que se enfocaba en lo que hacía y decía una niñita, tuvo una temporada de receso cuando esa niñita creció -ahora el blog se enfoca en los hermanos menores-. La autora-mamá consideró que debía respetar la intimidad de su hija. ¿Cuándo es ese momento? El papá de mi hija diría que desde el principio: que por qué el mundo tendría que enterarse, si el Pequeño Fulanito tiene diarrea, por ejemplo.

Silvia Parque

domingo, 5 de junio de 2016

Salma Hayek y el PRD

Hace un par de meses, tengo sueños cargados de imágenes y de acontecimientos; en ellos aparece mucha gente, incluyendo a personas que fueron, por decir así, personajes secundarios de hace muchos años. Algunos han sido reveladores, algunos bastante incómodos; lo que todos tienen en común es que están "llenos".

Esta noche no he soñado algo muy interesante, pero me asombra cómo el sueño evidencia que la mente es influida por la multitud de estímulos a los que está expuesta, aun cuando no les otorguemos importancia. No recuerdo bien de qué se trató, pero recuerdo dos cosas:

- Un personaje interpretado por Salma Hayek estaba embarazado de su amante, del que se separaba por unos días; cuando se encontraban, ella tenía una enorme faja para disimular la barriga de meses, que quería ocultar del esposo.

- El PRD ganaba las elecciones en Chihuahua.

¿Qué me importa Salma Hayek o por qué hago películas? No sé. Antenoche, al final del día, luego de revisar mi correo, "clickeando" en la página de MSN, encontré que ella había publicado una foto que escandalizó; unos días antes, yo había leído otra nota, sobre otra foto que también, ella misma habia publicado con el mismo resultado.

¿Pero las elecciones? No he seguido para nada ese tema; apenas leo tweetts con encabezados de noticias... parece que eso es suficiente para que mi inconsciente figure resultados imposibles.

¿Tendrá algo que ver el concepto de "reultado/resultados" con el que hablo de las dos cosas?

Silvia Parque 

sábado, 4 de junio de 2016

Autoridad

Esta entrada es repetitiva, así que el lector exigente puede esperar a la próxima.

El mundo está lleno de mamás preocupadas porque creen que sus hijos "no comen", a pesar de que esos hijos aumentan de talla y de peso. Yo que estaba muy contenta con lo que mi niña comía, me encuentro con que no ha de haber sido suficiente, porque este mes y medio no hubo el aumento esperado ni en milímetros ni en gramos.

Nos ocupamos del asunto, y ella parece comprender y participar en su recuperación; según yo, empezó a comer mejor casi de inmediato... Pero siguió adelgazando: en unos días, ha llegado a que se le noten las costillas.

Hace rato, durmiéndola, entre la teta y el bibe, pensé que podría llevarla a la congregación, mañana, para que oren por ella. Pero recordé que tengo autoridad: que puedo hacerlo yo misma, que mi palabra no regresa vacía.

Silvia Parque

jueves, 2 de junio de 2016

Cómo hago para que mi bebé coma mejor

Estoy convencida de que los niños pueden regular su alimentación: tú les pones a su alcance alimentos nutritivos, ellos comen lo que necesiten. Como a Carlos González, me causa gracia que las mamás digan "no comió nada", cuando el niño ha masticado y ha tragado tres bocados de lo que estaban dándole: tres bocados no son "nada". El punto clave es que el niño en cuestión tenga energía y se desarrolle como es esperado; si es así, los tres bocados eran suficientes.

Yo, despreocupada con la comida como solo otras dos madres que conozco, llevo desde que iniciamos con la alimentación complementaria, dejando que B tome decisiones sobre qué y cuánto comer. Obviamente, las decisiones sobre "qué comer" caen dentro del menú muy pensado que le ofrezco. Hasta ahora, todo iba bien, pero antier, la báscula y la cinta métrica opinaron que sería conveniente hacer cambios. Básicamente: que tiene que comer más. La doctora recetó un complemento que abre el apetito, un multivitamínico famoso, y dio un par de indicaciones: insistir para que no se quede sin comer nada en una comida, quitarle el biberón de medianoche (para favorecer el hambre en el almuerzo), no dejar de darle la fórmula que ya conocemos, y ofrecerle colación entre comidas. 

También hacemos lo siguiente, y está funcionando. Apenas van dos días, pero el cambio es notorio:

- Hablamos del tema delante de ella, y con ella.- No sé cómo funciona. No sé si es el alma, el inconsciente, el vínculo; pero aunque no me haga caso cuando le digo que no entre a la cocina, cuando hablamos de ella frente a ella, o cuando hablamos con ella de cosas importantes, percibe o absorbe -no sé- el mensaje, y actúa en consecuencia. .

- Redistribuimos la variedad de alimentos.- El problema está en la mañana. Muchos días no quiere almorzar, pero come y cena bien -a veces "muy bien"-. Así que el almuerzo tendrá eso a lo que nunca se niega. Será la hora del pan, de las tortilla y de la fruta favorita; será el momento para el "azúcar" del día. 

- La acompañamos.- Come mejor cuando me siento a comer con ella, y de hecho come mucho mejor cuando le toca que estamos a la mesa "papá-mamá-hija". A menos que sea algo que le guste mucho, si la dejo comiendo "sola", mientras yo hago otra cosa, aunque esté a medio metro de ella, se distrae y come menos. 

- Le damos comida de señora.- Resulta que mi hija gusta de los platillos típicos que cocinan las señoras: ella quiere consomé de pollo con verduras, arroz y frijoles, y yo la mayor parte de los días no cocino: solo "preparo" comida. Es raro que "guise", casi nunca tenemos una comida con tres tiempos. ¡Pero habrá que hacerlo!

- Nos ordenamos (1).- Nunca vamos a ser una familia de estructuras rígidas; pero la verdad es que a B le benefician las rutinas: rutinas flexibles, que le permiten a su cuerpo "esperar algo" y "estar listo para eso". Por ejemplo, varios días se quedó dormida y se perdió la cena; no pasa nada porque ocurra una vez o dos, pero los incidentes son varios. Y de alguna forma, todo está conectado: si duerme bien, si ha hecho ejercicio, si está de buen humor: come mejor.

- Nos ordenamos (2).- Hemos jugado mucho a la hora de comer -y con la comida-, tanto, que se desvirtuó el momento. Necesitamos que se concentre en que va a comer, que eso sea agradable en sí mismo, y que el juego sea antes y después. [Aquí recuerdo a Susana, diciendo por qué no le gusta que los niños jueguen con la comida.]

Silvia Parque

miércoles, 1 de junio de 2016

Temporada de engorda

Otra vez, estamos en alerta con el peso de B: necesita comer más y mejor, así que hoy empezamos a tomar medidas al respecto. Ella se muestra muy dispuesta a poner de su parte, así que ya festejaba yo el buen comienzo de nuestra temporada de engorda, cuando vomitó todo su biberón de la noche.

Mañana será mejor.

Silvia Parque