viernes, 31 de julio de 2015

31 de julio

Está por terminar el primer mes de la segunda mitad del año. La vida me pasa más rápido que nunca. Ya se sabe que la edad apresura los días, pero no sabía que la maternidad también. No es solamente que lo ocupada que estoy con mi niña haga que no tenga tiempo para algunas cosas, es que* de pronto ya es mediodía, ya es la tarde, ya es el día siguiente.

Silvia Parque

* Ahora que he releído la entrada, noto el desagradable exceso de "que". Disculpe usted.

jueves, 30 de julio de 2015

Malas sorpresitas

He dado una mordida a un perón y estaba amargo. Debí suponerlo al sentir que estaba duro. Hay otras sorpresas como ésta. La clásica es el trago confiado a la leche que ya está pasada, pero es casi igual de malo dar un trago confiado a un refresco que ya no tiene gas. En la lista puede incluirse también, la mordida al taco que incluye una semillita de limón que cayó junto con el juguito. Dios nos libre de estas sorpresitas.

Silvia Parque

miércoles, 29 de julio de 2015

Cuando el triste o adolorido, no es un bebé

A veces, B se queja o lloriquea cuando está dormida; a veces hace un gesto de dolor. No me refiero a los sonidos que pueden ser normales en el sueño, como pujiditos, sino a claros indicadores de incomodidad. Usualmente me acerco y le pongo la mano encima. Si continúa quejándose o lloriqueando, la tomo en brazos. Cuando ha sido un día o una tarde en la que ha estado inquieta, me detengo a pensar si tocarla o no, si alzarla o no, es decir, si apostar a la posibilidad de que solita se aquiete, en lugar de arriesgarme a despertarla. Siempre corro el riesgo.

Si me conmueve cuando pone cara de incómoda o molesta, mucho más cuando pone carita triste o de dolor. Aunque las personas reaccionemos diferente, y haya quien considere que es mejor no hacer mucho caso al llanto del bebé, o hacerle caso pero no tomarlo en brazos, etc., creo que las personas sanas que recibimos el mensaje "bebé mal", nos conmovemos, deseamos que el bebé esté bien, y en la medida de nuestras posibilidades, haremos algo al respecto. En general, los bebés despiertan lo mejor de las personas.

¿Cuándo deja de importarnos el malestar del otro? Los niños también provocan buena voluntad, pero menos que los bebés. Supongo que hay una premisa cultural por la cual, quien tiene o debería tener recursos para atenderse a sí mismo, ya no es un adecuado depositario de las atenciones de los demás.

Me queda claro que  no podemos ir por ahí atendiendo a todo el grandulón que eventualmente lo requiera; pero creo que ni siquiera nos conmueve, sentimentalmente hablando; creo que dejamos de notar los gestos de malestar, si no representan una amenaza para nosotros.

Silvia Parque

martes, 28 de julio de 2015

Nuestros cuerpos

A B le gusta mi cuerpo más de lo que le gusta mi leche, más de lo que le gustan el aire y el sol. Me ufano y aprovecho. La ropita que va dejando me recuerda que durará poco; las fechas que se van acumulando, de cuándo pesó tanto, y cuándo peso tanto otro, me extienden el impacto de lo rápido que pasa el tiempo.

Escribo sentada, con su cuerpo en el hueco que se forma entre mis piernas cruzadas, con su cabeza en mi muslo derecho; la cuna y el portabebé son más cómodos, pero no son mamá.

Silvia Parque

lunes, 27 de julio de 2015

Cotidianidad con B

Escribo con B dormida sobre mi pecho.  No siempre conseguimos acomodarnos así; es más fácil cuando voy a escribir para el blog, que cuando voy a trabajar: no sé por qué... cosa de la actitud relajada, supongo...

Ya puede quedarse por ratos en el portabebé, mientras yo hago cosas, así que más o menos voy logrando hacer algo en la casa cada día, de manera que no se haga un caos terrible -el "caos" a secas, sigue presente-. Ahora va haciéndose importante que pueda hacer cosas "afuera"; por ejemplo, perdí mi identificación oficial, así que debo tramitar la reposición.

Los días pasan muy rápido, entre pañales, sonrisas, cansancio y cambios; entre amor y leche.

Silvia Parque

jueves, 23 de julio de 2015

Cuestión de peso

Estamos subiendo a B de peso. Nació pesando no mucho; a los dos meses comenzó a ser una cuestión de cuidado, y para los tres meses, tenía "desnutrición moderada". Mi estupenda experiencia con la lactancia tuvo un tope ahí, pero avanzamos: ahora toma del pecho, y con jeringa, tanto leche mía extraída, como leche de fórmula. El plan es llevarla a la normalidad que le corresponde (no todos los niños han de pesar lo mismo), y entonces retirar la fórmula. Hacemos un trabajo de equipo, la pediatra, la doctora consultora de lactancia, y yo; además está el apoyo del papá, la abuela, la bisabuela... después de un gran susto por una medición errada, el martes, hoy celebramos 3.860 kilos, gracias a Dios. Todo parecía de un mejor color, al salir del consultorio, luego de ver que la cosa va bien; hablo literalmente: los edificios, la calle, el cielo, se veían con mayor nitidez. Me compré un helado.

Silvia Parque

sábado, 18 de julio de 2015

La imagen de cada cual

Vemos la imagen del espejo invertida. No podemos vernos nunca como somos, o más bien, como estamos-estando. Nada más los otros pueden hacerlo. Y a los otros les faltan nuestros ojos para conseguir que la imagen les haga saber realmente como somos o como estamos-estando. Así que tendríamos que salir de nosotros para que alguien pueda vernos y sabernos...

Silvia Parque

viernes, 17 de julio de 2015

Panes enteros

¿Qué hay más bueno que el pan? Pedimos "el pan nuestro de cada día", aunque no solo de pan viva el hombre...

Cuando era niña tuve dos libros de historias: "Mis historias favoritas", se llamaba (tomo 1, tomo 2). Eran historias cristianas, casi todas muy bonitas. Ya mayor, me pareció que muchas eran demasiado "aleccionadoras" y que se pregonaba una obediencia indignante, pero incluso entonces, me parecía que había muchas historias muy bonitas. En una de ellas, una familia en época de escasez, da gracias antes de la comida, y uno de los niños pide a Dios "un pan entero, por favor"; antes o después de la petición, la mamá había hecho notar lo agradecidos que debían estar por tener algo que llevarse a la boca... pero el niño quería un pan entero en la mesa; por supuesto, Dios los envía.

He estado atreviéndome a tomar los panes enteros que Dios dispuso para mi vida. Parece fácil, pero a veces implica dejar el bocado que una tiene en la mano, y eso es un riesgo. 

Silvia Parque

jueves, 16 de julio de 2015

La vaca enchufada: el sacaleche y yo

Tengo un extractor de leche eléctrico, doble, marca Evenflo. Es de mi hermana y me hace gracia no saber cuántas idas y venidas podrá llegar a tener la maquinita en la familia. Hace poquitos años no teníamos bebés...

El día que empecé a usarlo fue de lo más frustrante. Tardé horas intentando ensamblar las partes, y no lo logré; fui rescatada. Las dos primeras veces que "me conecté", salió solo un poquitito de leche. Hasta la tercera vez obtuve la cantidad que se me indicó como necesaria, y feliz, se la di a mi niña que succionó su jeringa hasta que ya no quiso... y seguí dándole... y lo echó todo... su papá dice que "no todo", pero a mí me parece que "casi todo".

Ayer, ya amiga del extractor, y habiendo entendido que la niña no comerá cuando dé señas de que ya no va a comer, el problema fue el momento de la extracción. Tuve la ocurrencia de lavar el baño en la única siesta diurna decente de B, y de ahí en fuera, no encontré el modo de atenderla a ella y sacarme leche al mismo tiempo; lo intenté en una de sus tomas, y como recurso de emergencia está bien, pero es complicado tener una mano sosteniendo a la niña, y otra sosteniendo el recipiente de la leche extraída.

Este es el tercer día, y la tercera es la vencida. Su relactador llegará mañana y la parte de "darle" será más fácil. Hoy tengo galletas con chispas de chocolate y tal vez eso haga que la parte de encontrar el momento para "sacarme" sea menos difícil. A eso voy ahora.

Silvia Parque

miércoles, 15 de julio de 2015

Limitaciones

A raíz de la maternidad, he pensado mucho en la muerte. Por más que dure la vida, se me hace poco. He tenido la clara sensación de que voy a morir, y me parece muy impresionante. No estoy pensando o sintiendo que moriré pronto; simplemente siento la mortalidad de mi cuerpo. B seguirá viviendo; la humanidad seguirá en su tejemaneje, y yo no estaré.  

Tal vez, en lo que estoy pensando es en limitaciones. Yo no he salido de México, pero incluso la persona que conozco que más ha viajado, ¿cuánto puede conocer del mundo? 

¿Cuántas personas podemos ser?

Silvia Parque

martes, 14 de julio de 2015

Aventuras por el camino de la vía láctea

Gracias a Dios, B está bien; pero está baja de peso y necesita recuperarse lo más pronto posible. Su nueva pediatra ha dado quince días para implementar alguna estrategia con la lactancia materna, antes de tratarla por desnutrición. El pediatra1 dijo que le andaba faltando como un kilo. Es un médico al que siempre estaré agradecida por la atención oportuna que le dio a mi niña de recién nacida, pero no me gustó su abordaje de la lactancia. Desde el principio, sugirió completar con fórmula y tés. Nunca hice caso en eso, y finalmente, cambié de pediatra ahora que me dijo que ya era una indicación: que dos o tres biberones con fórmula al día, porque de no hacerlo, arrastraría un problema. Yo entiendo que el peso bajo es un asunto serio, pero con su actitud no parecía considerar también un asunto serio, preservar el amamantar.

Según la nueva pediatra, un bebé que necesita mayor nutrición, con mayor razón necesita de leche materna. Me advirtió que si lo que vamos a hacer no funciona, habrá que darle fórmula, pero no como indicó el pediatra1, sino con mayor concentración y con no sé qué otra cosa que se le pondría al biberón. Tal vez parecería que ambos médicos consideran fundamentalmente lo mismo: que está baja de peso, y que hay que echar mano del recurso de la fórmula; pero no es igual cuando hay un interés por preservar la lactancia materna, y conocimiento actualizado sobre el tema: ni agua, ni tés, ni nada más que leche para los bebitos amamantados, hasta los seis meses...

Así que estoy en medio de un plan integral: me alimento mejor, lo cual implica hacer compras diferentes, y resistir al llanto de B cuando tengo que dejarla para preparar algo y comer; tengo a la mano botellas de agua para asegurarme de estar tomando al menos tres litros al día, y pronto empezaré con todo un kit de suplementos, por si faltaran nutrientes en lo que como. Pero lo más importante ha salido del consultorio de lactancia. Porque ahora existen consultorios de lactancia. Al que fui, comparte espacio con un centro Montessori, así que todo era muy lindo. La doctora es médico, diplomada en lactancia y crianza, y encontró un problema anatómico en el paladar, por el que la succión de B es débil: por eso tarda mucho en cada toma, y le falta leche. Dijo que mi niña es muy paciente y trabajadora; ha estado haciendo un gran esfuerzo por alimentarse todo este tiempo, pero necesita ayuda. (No es indispensable que suba un kilo entero.)

Hoy empezaré a extraerme leche y se la daré mientras mama, con un relactador. Como no podré tenerlo hasta la noche o tal vez hasta mañana, empezaré la nueva temporada de alimentación con una jeringa. Si no nos acomodamos con estos artilugios, usaría biberón: es el último recurso, para tratar de que una vez bien de peso, ella vuelva a tomar simplemente de mi pecho. Mientras escribo, pienso en Matt, y me doy cuenta de que no estará nada mal si B acaba tomando mi leche con biberón; ya me ha dado una experiencia maravillosa con estos meses prendida a mí, y se trata de lo que sea mejor para ella. Pero creo que hay gran probabilidad de que todo funcione como deseamos porque es una niña muy fuerte: si así, tiene energía y no deja de esforzarse por comer, en cuanto esté tomando leche extra -con el relactador-, estará mucho mejor y al rato suplirá lo que la forma del paladar le hace perder en succión.

Han sido unos días muy ocupados, y no parece que vayan a dejar de serlo, pero creo que me voy adaptando al hecho de que la vida no se detendrá un poquito a que yo tome aire y me organice: surfearemos por el día a día.

Silvia Parque

jueves, 9 de julio de 2015

Alguna gente estupenda

Hay que aceptar que hay gente estupenda que no te quiere.

También hay que notar que a veces, hay personas cuya posición, independientemente o a pesar de la inclinación que sientas, hace que no puedas "amigarte" con ellas. No puedes chacotear con alguien, por ejemplo, colocado en una posición que te deshonra. A mí la honra me sonaba a un concepto medieval herrumbroso, y puede vivirse así, pero no se trata de eso, sino del reconocimiento del valor de la función de cada cual en relación con otros...

Decía yo que hay que aceptar que hay gente estupenda que no te quiere. También hay que aceptarlo cuando esa gente te quiso, y cuando tienes la ingenua idea de que debería quererte (en el querer no hay "debería").  

Silvia Parque

martes, 7 de julio de 2015

Miscelánea volviendo

Tengo muchas cosas que escribir. Por ejemplo:

- Ha llegado de nuevo la temporada de moscas. Y no queremos moscas donde hay bebés. Ni moscas, ni arañitas, ni todos los otros especímenes que compartían nuestra casa; las políticas han cambiado.
- Tía Rosa consigue el sabor a chabacano, mezclando el sabor de otras frutas; no recuerdo cuáles y tiré el empaque de mis galletitas, así que tal vez no vuelva a saberlo hasta que alguien en un video de Youtube haga "sabor chabacano".
- El Centro de Salud que me corresponde no tenía la vacuna de refuerzo contra la hepatitis B cuando mi B fue llevada a pincharse. Todo un tema el del "movimiento antivacunas"; por aquí todavía no es moda y espero no llegue a serlo. Pero sí leí y pensé, antes de  llevar a la niña a vacunar; no fue algo que diera por sentado.
- Si yo tuviera una empleada doméstica, la bendeciría a ella, a su casa y a diez generaciones de su familia. Va subiendo en la jerarquía de prioridades, en la lista de "cuando se pueda".

Pretendía volver a la normalidad bloguera a partir de ayer, pero irá siendo en la semana.

Silvia Parque

jueves, 2 de julio de 2015

Hoy la he dejado llorar

La principal razón por la que respondo inmediatamente al llanto de mi bebé, y la cargo y la consuelo, es porque hay muchísimas veces en las que no puedo hacerlo. Tengo que ir al baño, estoy lavando su ropita, lleno mi botella de agua... Muchas veces, para mi percepción; mucho rato, para su percepción. Por supuesto que le hablo, le explico, casi siempre la tengo junto a mí, la acaricio; pero la pasa mal ese momento. Me dicen algunos que no pasa nada; sin embargo, no necesito que el cortisol del estrés le provoque algo, para percibir que la pasa mal. No quiero que la pase mal. Me dicen también que se acostumbrará o que tiene que acostumbrarse. Yo entiendo que se acostumbraría si dejo que ocurra, pero intentaré que no pase porque no tiene que acostumbrarse. A los dos meses y medio, un cachorro humano necesita el cuerpo del animal que va a protegerlo. Mañana nos conseguimos un rebozo y voy a hacer lo que haya que hacer, con ella encima. Sé que sueno como si quisiera evitarle todo dolor e incomodidad; pero no es eso. Sí quisiera evitarle todo dolor e incomodidad, pero eso sería quitarle vida y no podría pretenderlo. Es que me parece suficiente el dolor y la incomodidad que de verdad tocan. Ahora disfruta su baño; pero no le gusta el momento de salir del agua; creo que siente frío aunque la envuelva lo antes posible en su toalla. Pues eso hay que pasarlo. Tampoco le gustan los pinchazos de las vacunas, y ni modo: va a recibir todos los que estén señalados. Voy a acompañarla con esas molestias, para enseñarle que el cambio está bien y el dolor pasa... pero cambios, los que correspondan, a su ritmo; dolores, los inevitables, los que sean para bien.

En realidad, la principal razón por la que respondo inmediatamente al llanto de mi bebé, tiene más que ver con las faltas en mi historia de vida, que con el amor que le tengo; lo entiendo; pero eso sí que le toca como hija...

Así que la dejo llorar solo cuando es imprescindible en mi forma de vida.Y nunca había sido como hoy. Ni tanto tiempo, ni por la razón que hubo hoy. Si llora mientras me preparo algo de comer, le digo "mamá tiene que comer para hacer buena leche, bebé". Si llora mientras me preparo un café, le digo "déjame hacerme este cafecito rápido, rápido, me apuro". Y nada. Pero que llore porque estoy trabajando sí me sienta mal. Siento culpa por no haberme organizado de manera que no hubiera necesitado trabajar en sus primeros meses. Siento frustración porque buscando sanar mis propias heridas de niña, había prefigurado hacer a un lado el trabajo frente a sus necesidades de seguridad o mimo. Sé que es peor para ella que yo tenga culpa y frustración, pero es lo que hay, y por evitarlas, mis tiempos de trabajo se redujeron a minutos esparcidos aquí y allá, y no pude terminar a tiempo mi último encargo; me dieron una prórroga y luego otra, hasta que finalmente -iba a llegar el día-, hoy tuve que dejar que llorara para ocuparme un buen rato. Me dije que tenía que hacerse, y lloró... y lloró, y lloró... hasta que de plano dejé de decir "ya voy", y ella siguió llorando. Lo peor es que relativamente, ni siquiera estaba haciendo algo que valiera la pena -no habría podido, todavía no aprendo a pensar mientras llora-: estaba alzando la casa para recibir a mi cliente; le iba a exponer las bondades de nuestro producto, y necesitábamos un espacio decente para sentarnos y hablar.

Puede que no sea el rato más largo que ha llorado; pero sí es en el que menos atención ha recibido.

Terminé, la cargué, la consolé, y se calmó. De hecho, usualmente tarda más en calmarse. Me disculpé y le expliqué, y me miró con algo que interpreto como una cara de "no es un buen día, pero va". Sentí que todo estaba bien entre nosotras. Más tarde sonrió, y supe que en verdad estaba todo bien.

Silvia Parque

miércoles, 1 de julio de 2015

Preparar la derrota

2 Corintios 5:7

Hace años leí o escuché con vehemencia, una buena cantidad de libros o audiolibros de superación personal, varios de metafísica. En oposición a la experiencia o el juicio de muchos, a mí verdaderamente me sirvieron -tal vez porque no pretendía que la lectura fuese varita mágica-.

En uno de los libros que oí, no sé si de Louise L. Hay o de otra mujer, la autora contaba que había estado trabajando a favor de un hombre con problemas económicos, pero que descubrió que el hombre, al mismo tiempo, había estado imaginando cómo encararía a sus acreedores cuando lo increparan por no saldar sus deudas. Recuerdo casi cada una de las ilustraciones de esos textos, y ésta me vino a la mente, ayer.

A menudo se señala lo importante que es creer que conseguiremos lo que estamos buscando, pero debería hablarse más de las formas en que anticipamos no conseguirlo. Se confunde con capacidad de adaptación, cuando las personas elaboran "planes B" antes de tiempo. Otros simplemente nos deslizamos por el camino del drama, como en un tobogán hacia lo malo que puede pasar. A mí me pasa esto último. En el tiempo en que me valí de todos esos recursos de autoayuda -aunque más gracias a otros recursos también empleados-, aprendí a dirigir mi pensamiento: no podía evitar la primera impresión negativa, pero sí podía sustituirla con pensamiento positivo en vez de reforzarla con pensamiento negativo.

No obstante, todavía vivo esos deslizamientos automáticos que me perjudican; creo que solamente me pasa con lo que más me importa, lo cual tiene lo suyo de simpático. Así, encontré ayer que he venido anticipando no obtener, y es como preparar la derrota.

Ya no. No es compatible con la fe en Dios. No puedo evitar sensaciones y sentimientos que traen consigo ideas e imaginaciones que no quiero tener; pero puedo espabilar y reenfocar.

Silvia Parque