domingo, 24 de septiembre de 2017

Responsables del desastre

Una entrada más sobre "después del terremoto".

Hay momentos de la búsqueda de sobrevivientes bajo escombros en los que se pide "silencio total". La gente calla, pero he oído a reporteros narrar que se pidió silencio y bla, bla, bla, sin cerrar su bocota. Cómo si lo que tienen que decir pudiera competir en importancia con la posibilidad de rescatar a alguien.

Este foco de la atención (salvar vidas y asegurar la integridad de las personas) no debe quitar de la conciencia que hay responsables de la situación de desastre: que habrá que pedir cuentas por los permisos falsos, la negligencia criminal, las construcciones mal hechas, las condiciones laborales de riesgo, etc.

Trabajé en dos jardines de niños. En el segundo viví mi peor experiencia laboral: odiaba el ambiente. Una vez se llevó a los niños de visita en una camioneta: se les metió en prácticamente todos los espacios donde cupieron. Yo deseaba que nos parara un tránsito, pero no dije nada. Si algo hubiera pasado, habría llevado mi omisión en la conciencia.

¿Cómo van a vivir esas personas que no pueden decirse a sí mismas que no sabían lo que podía pasar? ¿Cómo van a seguir viviendo quienes saben que de un modo u otro fueron advertidos?

"Damnificados de la corrupción", por Raúl Rodríguez.
"Sismo y corrupción", por Diego Petersen.

Silvia Parque

sábado, 23 de septiembre de 2017

Motivación emotiva

Esta es otra entrada en relación con el "después del sismo".

Maravilla el trabajo colectivo salvando y resguardando vidas: hay gente que tiene todos estos días ocupada en ayudar. A mí, como han dicho otros, me da igual si quien coopera se toma una selfie para mostrar lo que hace. A veces -supongo que muchas veces- será vanidad, pero también hay una necesidad humana de decir: "mira esto bueno" en medio de la destrucción y el dolor. Otra cosa es el quererse aprovechar de la tragedia, típico de los políticos: no se espera algo mejor de ellos.

Sin embargo, la ayuda seguirá siendo necesaria durante meses y comúnmente, en casos así -lo dicen quienes recuerdan el sismo del '85-, la ayuda disminuye al mismo tiempo que se tranquilizan los ánimos. La emoción va y viene: no se puede sostener; es un poco como enamorarse: un estado alterado de conciencia que se apacigua necesariamente. La determinación y el compromiso sí duran. Las imágenes y las historias de solidaridad y generosidad dan para creer que podemos tener de eso: ojala sí.

Ojalá también nos acordemos de quienes ya vivían como damnificados por un desastre: entre escombros, sin recursos, sin techo. Creo que entre los que vivimos con "seguridad alimentaria" hay una especie de compasión por la pérdida porque podemos identificarnos con quien ha tenido algo y lo ha perdido; sentimos empatía con su situación porque: "¿si yo me quedara sin casa?", "¿si de pronto no tuviera más que lo puesto?" Pero no nos identificamos con quien nunca ha tenido, ni con quien -según concluimos- se ha buscado la condición que vive.

Quiero decir... Es un país con más de dos mil mujeres y niñas desaparecidas, en el que se asesina más o menos a siete mujeres cada día. Pero esto no provoca una acción colectiva para buscarlas o para exigir justicia: no una del tamaño y el impacto de lo que estamos viendo. De hecho, un feminicidio o una desaparición puede hacer mucho ruido: se protesta, se exige; pero al día siguiente otra mujer es asesinada o desaparece sin que parezca importarle a nadie más allá de su familia. ¿Es el mismo pueblo capaz de remover piedra por piedra un edificio derruido, buscando un sobreviviente?

De verdad que no hago menos esta maravilla de unión y de entrega. Tampoco critico a quien ayuda a unos y no a otros: ¡Qué bueno que ayuda! Solamente comparto lo que pienso sobre la motivación emotiva -que a lo mejor es la única que puede haber-.

Silvia Parque

viernes, 22 de septiembre de 2017

La maternidad y la sombra

Estoy leyendo "La maternidad y el encuentro con la propia sombra", de Laura Gutman. Le huí unas semanas hasta que estuve lista para el riesgo de lo que pudiera remover. Sin embargo, el libro me muestra un horizonte que ya había contemplado: me resulta iluminador más que esclarecedor; quiero decir que echa luz sobre revelaciones que ya había tenido (luz muy apreciable).

Los libros que he leído esta temporada han sido material "de trabajo"; los he abordado buscando un conocimiento específico para lo que he estado escribiendo. Que conste que los he disfrutado. De hecho un par de ellos que me removieron mucho (sobre todo, "La separación de los amantes", de Igor Caruso). Pero no es lo mismo: Quería leer algo de Gutman hace tiempo y tiene lo suyo de gozoso leer por puro gusto, algo que una había estado buscando.

Aquí una cita:
[...] no hay alternativa para el encuentro con uno mismo. O nos sinceramos para indagar nuestros aspectos más ocultos, sufrientes o dolorosos, o bien estos aspectos buscarán colarse en los momentos menos oportunos de nuestra existencia.
Silvia Parque