domingo, 21 de enero de 2018

Mis cosas raras

Bebo el café en una taza de vidrio o de cerámica; parece que es lo común. Pero mis cubiertos deben ser de un tamaño y peso "estándar": ni muy pesados ni muy ligeros, tal vez pequeños pero no grandes: ahí me empiezo a poner rara. Así con otras cosas, no muchas. Debo pasarme un cepillo o un peine por el cabello casi en cuanto termino de bañarme. No soporto las telas que no se sienten más o menos como el algodón. Tampoco soporto por mucho tiempo los aretes, collares o cosas por el estilo. Lo bueno es que se trata más de evitar que de conseguir.

Silvia Parque

viernes, 19 de enero de 2018

Con ansiedad / sin ansiedad

Me dedico a lo que me gusta. Vivo como quería. Tengo un par de días buenos y de buena noches y la ansiedad sube a tope. Duermo más para que el cuerpo no se queje por eso. Debería comer mejor: más balanceado; pero tampoco tengo una dieta terrible. Y sin embargo, voy sintiendo cómo me descompongo. Estoy consciente y me hago cargo; beberé té milagroso, me organizaré para volver al ejercicio, a la meditación, en general a la rutina: me hacen bien las rutinas, las que hago para darle estructura a los días sin tratar de "cumplir" con ellas.

Entiendo que así funciona -o así funciono-, pero me apena.

¿Por que no fui una persona simple que pueda ser simplemente feliz? He sido realmente feliz, pero creo que nunca simplemente feliz.

Tengo esta psique, este cerebro, estas hormonas, este esquema mental que tengo y resulta lo que resulta: que se me cae el mundo con facilidad más o menos frecuentemente. Lo bueno es que cuando se levanta, ese mundo me gusta mucho: mi pequeño mundo personal, a veces maravilloso, a veces en ruinas; siempre interesante, siempre mi casa.

Yo creo que justo cuando estoy a punto de algo muy bueno en cualquier sentido, mi mente me boicotea. Cuando estoy sintiéndome realmente bien, algo me molesta por dentro para romper el bienestar. Recuerdo clarito una noche de hace ya varios años. Todavía estaba casada. Habíamos pasado una mala temporada, de muchos problemas, pero la estábamos dejando atrás, estábamos entendiéndonos y queriéndonos. Entonces llegó esa noche que recuerdo, una entre otras en la que dormíamos muy juntos, yo acurrucada junto a él, él abrazándome. Sentí algo así como una oleada de amor, quién sabe si su abrazo fue un poco más apretado o me dijo algo tierno o lo que fuera: me sentí relajada, muy a gusto y sentí su cariño. Entonces supe, como si me lo dijera a mí misma, que no podía durar. Era demasiado bueno. Como si yo no pudiera tener algo tan bueno mucho rato. Supe que era yo quien me estaba negando "eso" y que incluso se lo estaba negando a él; pero pasó.

También recuerdo que antes-mucho-antes no era así. Nunca fui simplemente feliz, pero sí plenamente feliz y asumía que esa felicidad me correspondía. Sin ansiedad.

Silvia Parque

martes, 9 de enero de 2018

La nueva casa

Ahora vivo en una especie de isla en la carretera, un poco como un pueblo. Aquí también viven los perros más ufanos del mundo. 

Mi tía, la que más cerca está de nosotras, piensa que estoy mal de la cabeza y seguro solo puede ver que es un lugar pobre. Solo a ella le permito recordarme -repetidamente- que "piense primero en mi hija", como si fuera una adolescente que no tiene idea de lo que está haciendo. Vale. Ajá.

Yo veo la vida que quiero. Mi cultura, valores, principios y expectativas, no son los de mi familia de origen, ni los de mi familia extensa, ni los de otros; son los míos y los de personas como yo, que tampoco somos nada más tres. Desde ahí, esto en lo que estoy es bueno. Todo pinta bien. 

Por ahora no tengo Internet en casa, pero ya me las arreglaré.

Hace mucho que no me sentía tan en mi sitio. Es importante para mí.

Silvia Parque